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Jueves , 13.12.2018 / 03:03 Hoy

Columna de Francisco Valdés Perezgasga

En torno a un asado de puerco

Francisco Valdés Perezgasga

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En el idioma inglés hay dos palabras para referirse a cada uno de los animales que comemos los humanos con mayor frecuencia. 


Si tiene dos patas y plumas chicken y poultry. Si es de cuatro patas y cubierta de lana, sheep y mutton. Si con cuernos y hace mú, cow y beef. Si regordete pig y pork. De todas las fórmulas binarias, las primeras palabras -chicken, sheep, cow y pig derivan del sajón, la lengua de los antiguos habitantes de Inglaterra. Las segundas -poultry, mutton, beef y pork derivan del francés.

En esta nomenclatura dual se puede leer la historia. En el año 1066 los normandos, vikingos franco parlantes conquistaron los reinos sajones de la otra orilla del Canal de la Mancha. Los sajones conquistados hacían el trabajo de criar los animales que los conquistadores normandos comían. Dos formas de ver a los mismos seres, dos formas de relacionarse con ellos. 


El Dr. Joaquín Remolina López, mi sensei y mi maese era incapaz de comer carne si su presentación era anatómicamente identificable. El pollo desmenuzado lo consumía sin reparos. 


Una pierna, un muslo o una pechuga era incomestible. Un filete de pescado, para adentro. El pescado entero lo hacía a un lado. Las claves visuales de estar comiendo lo que fue un ser vivo y sentiente le volvían el platillo incomestible.

Ayer fui a un restaurante y el mesero nos explicaba que la proteína la cocían al alto vacío. Ya no era pollo o cerdo o res. Aquello que fue un animal que se movía y respiraba quedaba reducido a una molécula. Ni a mí ni a mis amigos químicos nos hizo falta explicación alguna. Cada día es más común reducir a la carne a mera proteína aún cuando son proteína los frijoles, los garbanzos y las lentejas.

Pareciera que con la nomenclatura química quisiéramos engañarnos y no enfrentar el hecho que comemos otros vertebrados como nosotros, animales como nosotros, con un corazón que late como el nuestro. Quizá porque nos avergüenza la forma en que los criamos antes de matarlos, con una crueldad pasmosa. Si nos gusta la carne no evadamos la responsabilidad que ese consumo nos confiere. Una responsabilidad para con nosotros, para con los animales y para con el planeta. 



fvaldesp@gmail.com / twitter.com/@fvaldesp

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