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Domingo , 27.05.2018 / 09:13 Hoy

Columna de Francisco Valdés Perezgasga

Ciudadanos en Biodiversa

Francisco Valdés Perezgasga

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Doce de junio, dos de la tarde, cuarenta y cinco grados -fácil- entre la plancha del pavimento y un sol de justicia. Paseo del Tecnológico y Paseo de la Soledad. Un grupo de ciudadanos, prendidos por el taller de urbanismo táctico que recién habíamos recibido de Areli Carreón, de Bicitekas en el marco del treceavo Biodiversa.

Estábamos pintando un cruce peatonal o paso cebra. Unos barríamos, otros delimitaban rectángulos, otros más pintaban de blanco estos rectángulos. Una acción rápida y ciudadana pero de efectos de largo plazo no solo en el pavimento del Paseo de la Soledad, sino también en la mente y el ánimo de quienes participamos y en la memoria de quienes nos vieron.

De pronto, una camionetota Jeep Grand Cherokee, gris oscuro, vidrios polarizados, se brinca los conos que habíamos colocado para salvaguardar la seguridad de quienes pintábamos. Instintivamente -y tontamente- me puse de pie frente a la camioneta. El conductor aceleró y me la echó encima. Un amago con tamaño vehículo a un peatón inerme equivale a un corte de cartucho con un arma de fuego.

Es una señal inequívoca de intenciones homicidas. Me acerqué a la ventana polarizada, el conductor la bajó y vi una cara colorada de coraje de un tipo más o menos de mi edad que me dijo: “Pinche Perezgasga no eres dueño de la calle” a lo que respondí que claro que no, que la calle era de todos y que, por lo tanto, la calle tampoco era de él. Siguió su camino por donde no debía, los agentes de tránsito no hicieron nada y con su camionetota Grand Cherokee gris oscuro, se adentró en las calles de la Nueva Rosita. Fue el único incidente que no alcanzó ni a preocuparnos ni a distraernos.

Formamos una barrera de seis personas que, al paso de los coches, saludaban y hacían la ola.

Con humor logramos resolver y olvidar el incidente de quien creía que con la compra de su camioneta de seiscientos mil pesos (o de millón y medio si era blindada) también había comprado el Paseo de la Soledad y el resto de nuestras calles y avenidas.

Fue una hora y media que pasamos bajo el sol, sudando pero no sufriendo. En todo momento contentos de ser ciudadanos haciendo ciudad, con una sonrisa que aún hoy y a pesar del conductor de la camionetota gris, no se va de nuestros labios.


twitter.com/fvaldesp

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