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Lunes , 28.05.2018 / 04:08 Hoy

Columna de Francisco Valdés Perezgasga

Al fondo de las cosas

Francisco Valdés Perezgasga

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Se ha repetido hasta la saciedad: La Laguna enfrenta una crisis de agua. Una crisis grave, muy grave. Según datos oficiales, del subsuelo se extrae casi el doble del agua que ingresa. El total del caudal del Nazas y del Aguanaval se extrae para actividades productivas destruyendo desde hace décadas ecosistemas únicos e irrebatibles y extinguiendo especies que sólo aquí viven. Las Lagunas de Viesca y Mayrán y sus ricos y exuberantes deltas desaparecieron antes de que pudiéramos preguntarnos que eran, que tenían, como funcionaban. El mal uso del agua nos ha puesto en este camino, un camino claramente insustentable. Un camino que sólo puede tener un destino, la tragedia. Se habla del declive de nuestra comarca. Se diagnostica y se pontifica. Pero la verdad es que no se llega al fondo de las cosas.En la manera actual que tienen las sociedades para organizarse la economía ocupa un lugar basal. Todo gira en torno a ella. Ojo, no es la única forma en que un grupo humano puede funcionar y hay montones de ejemplos de ello. Pero bueno, lo que hoy rifa es la economía. Y por lo tanto, el dinero. Dime cuanto tienes, te diré cuanto vales. Pero se nos olvida que la economía descansa sobre el medio natural. Sin suelo, sin aire y sin agua no hay economía que funcione. De ahí que establecer un conflicto entre ecología y economía es una falsedad tan grande como una catedral. Debemos entonces cuidar el medio natural, pero sin descuidar el bienestar de la sociedad. Si lográramos estas dos cosas estaríamos frente al santo grial del desarrollo sustentable: que todos tengamos lo suficiente, siempre.Pero aquí y ahora, esto no es así. Extraer del subsuelo el doble del agua que le entra nos borra la palabra siempre y la palabra suficiente. Visto como se reparte el uso del agua en La Laguna también podríamos borrar la tercera palabra: todos. Hoy, en esta tierra, pocos tienen todo por un rato. La antítesis de lo que como sociedad, lo que como humanidad deberíamos estar buscando. En sociedades hidráulicas como la lagunera, la divisa es el agua. Dime cuanta agua tienes y te diré cuanto vales. Aquí, como en pocos sitios del planeta lo que rifa es el agua. Karl Wittfogel, el sociólogo alemán que definió y estudió estas sociedades hidráulicas de la antigüedad encontraría en La Laguna su feliz día de campo.Si nuestro modelo de progreso económico no es sustentable -y no lo es principalmente por el mal uso del agua- entonces La Laguna se dirige hacia un colapso ambiental, económico y social. Un colapso cuyas primeras señas empiezan a advertirse en este declive -lento ahora pero que se acelerará- que dura ya demasiados años. El estado, supuesto garante del bienestar social, parece paralizado por la magnitud del problema. Advierte las consecuencias de su inacción pero no actúa. Se encuentra congelado como el conejito en medio de la autopista, viendo fijamente las luces del tráiler que raudo se abalanza sobre él. En lugar de echar mano de las múltiples armas a su alcance, apenas alcanza a tomar medidas que intentan cubrir las apariencias.El presidente de la república podría cancelar concesiones por razones de utilidad pública. La ley lo faculta para ello. La salud de millón y medio de personas y la economía que les da sustento son clarísimos ejemplos de utilidad pública. Podría Conagua meter en cintura a los productores que se roban un bien de la nación extrayendo más agua de la que legalmente les corresponde. En un pacto social, podríamos reservar una fracción del caudal de los ríos para conservar y para restaurar ecosistemas únicos, para rellenar los saqueados acuíferos y para frenar la ola de arsénico que ya llegó a nuestros pozos de las ciudades.Pero a lo más que llega el estado mexicano es a prometer filtros que remuevan el arsénico del agua que bebemos. Filtros a pie de pozo o megapotabilizadoras. Una solución cara y de pilón tan insustentable como el problema que no resuelve. No lo resuelve porque el arsénico en el agua no es sino un síntoma del mal mayor que es la sobreexplotación del agua tanto del subsuelo como de los ríos.Desde Encuentro Ciudadano Lagunero, la coalición de organizaciones ciudadanas en defensa del agua, no nos oponemos a que el arsénico se quite del agua que bebemos. De hecho exigimos el cese de este envenenamiento masivo. Pero lo exigimos junto a la demanda de un orden en la extracción del agua que nos lleve a su uso sustentable. La aplicación de la tecnología anti-arsénico debe ser una medida temporal y puntual que debe ser aplicada de la manera más eficiente posible. Pero siempre acompañada de medidas de fondo.Quitar sólo el arsénico del agua, sin hacer frente al gran problema que lo causó, equivale a tratar una enfermedad terminal -un cáncer avanzado, digamos- con un poquito de maquillaje. Estos tiempos requieren de medidas drásticas y a fondo. Claro, si de verdad nos importa el futuro de esta tierra y de quienes vivimos y de quienes vivirán en ella.


twitter/@fvaldesp

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