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Domingo , 09.12.2018 / 16:58 Hoy

Siete puntos

Suicidarse

Francisco Gómez

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1. ¿Por qué una persona decide quitarse la vida, sobre todo de manera violenta? Los estudiosos de la personalidad humana elaboran diferentes hipótesis, y la mayoría coincide que la principal causa es la depresión severa, manifestada, entre otros síntomas, en aislamiento y falta de sentido de pertenencia. Thomas Joiner, autor del libro ¿Por qué las personas mueren por suicidio?, sostiene que en quien se quita la vida se combinan tres factores: se siente aislado, se considera como una carga y ha perdido el miedo a lastimarse.

2. Más allá de lo que opinan los especialistas, siempre me ha llamado la atención los dos juicios valorativos que se hacen sobre quienes se suicidan, y que son diametralmente opuestos. Se les considera, por una parte, valientes en grado sumo, al tomar una decisión tan radical y definitiva. Hay quien los ve, por el contrario, como unos cobardes que no pudieron enfrentar algún problema, por más grave que éste pudiera ser, y tomaron el camino ¡fácil! Creo que no son valientes ni cobardes, sino poseedores de un trastorno que no se pudo manejar bien.

3. También, me ha asombrado a lo largo de los años la facilidad con la que se culpabiliza a los padres del suicidado. Se les acusa de abandonar a la víctima, sobre todo si es niño o adolescente, de haber descuidado a la familia y de provocar, aunque de manera indirecta, la terrible decisión. Creo que no es cierto. Conozco a papás amorosos, cercanos a sus hijos, preocupados por su comportamiento, atentos a sus calificaciones y amistades y, sin embargo, cargan toda la vida con el recuerdo de uno de ellos que se quitó la vida.

4. La reciente tragedia sucedida en la prepa del Tec ha vuelto a llamar la atención sobre este triste hecho. Me enteré que, de acuerdo a datos proporcionados por la Secretaría de Salud, en nuestro país se suicidan 16 jóvenes, entre 12 y 24 años… ¡cada 24 horas! Según esta instancia, es la exigencia social la que detona el problema, y recomienda poner atención en aquellos adolescentes que sufren depresiones, alcoholismo, actos de violencia, aislamiento, racismo, desempleo o abandono escolar, burlas en la escuela, etc.

5. Yo creo que estamos ante un asunto todavía más serio: la pérdida de sentido vital. El existir deja de ser ya no digamos algo placentero, sino simplemente agradable. No se le encuentra motivación a una vida en la que el sufrimiento supera, y a veces con mucho, a la alegría, y las frustraciones también son mayores que las satisfacciones. La cultura del bienestar que lo fundamenta en el tener objetos, mete en crisis a aquellos muchachos que no pueden adquirir ropa de marca, el último gadget o ir al antro cuando quieran. ¿Para qué vivir, entonces?

6. Nos urge ofrecerle a los niños y adolescentes un mejor mundo, capaz de impulsarlos a vivir en plenitud. Con oportunidades de estudio y empleo, claro, pero también con una sociedad justa y democrática, libre y atenta a las necesidades de los más vulnerables, respetuosa de la naturaleza y capaz de combinar lo lúdico y artístico con lo laboral. Ofrezcamos a los chavos un horizonte diferente, en donde, sí, tendrán que esforzarse, pero sus empeños les brindarán la satisfacción de quien vivió no solo para vegetar, sino para aportar, para resignificar.

7. Cierre ciclónico. ¿Por qué altos jerarcas de la Iglesia Católica quieren que renuncie su máximo líder, el papa Francisco? ¿Por proteger a cardenales y obispos encubridores? No. Ése es un buen pretexto, que goza de muy buena prensa en la actualidad. La realidad es otra, pues si algún Pontífice ha dado pasos concretos para aplicar la tolerancia cero es él. A los acusadores de Bergoglio les molesta su humildad, su respeto a homosexuales y divorciados vueltos a casar, su deseo de transformar la Iglesia. Éste es el verdadero problema.

papacomeister@gmail.com

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