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Jueves , 13.12.2018 / 15:07 Hoy

Siete puntos

Rius: ¿espiritual?

Francisco Gómez

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1. Una pregunta que me realizan con frecuencia es si espiritualidad y religión pueden ser palabras sinónimas. No. Ojalá así fuera. Y es que, con gran frecuencia, se piensa que una persona es muy espiritual cuando reza mucho, va con frecuencia al templo o venera a varias imágenes religiosas. También, cuando vive siempre en las nubes, ajena a los problemas de este mundo, en continua meditación. O, peor, cuando está siempre seria, casi aburrida, con un semblante adusto. No. Esas no son las características de una persona espiritual.

2. Y es que espiritual no es aquella persona que niega la realidad sino quien la reconoce, la asume, y se introduce en ella para transformarla. La palabra espiritualidad nos exige primero definir lo que entendemos por espíritu. En la tradición cristiana, a diferencia de la filosofía de Platón, el espíritu no se entiende como una parte del ser humano, sino como su totalidad vital. Espíritu significa energía y vitalidad de todas las manifestaciones humanas. No está encerrado en el cuerpo –como dijo Platón–, sino que se complementan.

3. Espíritu se opone, sí, a muerte, por lo que es igual a vida, soplo, aliento, energía. Espiritualidad, entonces, significa vivir según el espíritu. Es decir, orientar nuestra existencia hacia la afirmación de la vida, de su defensa y de su promoción, tomada en su integralidad, con sentido crítico, en especial, de las instituciones como las iglesias, que deberían ayudarnos a ser más espirituales, y que no siempre lo hacen, privilegiando la norma sobre el carisma, la exigencia sobre la comprensión. Y todavía mejor si esto se hace con alegría, con ironía.

4. Me hago esta reflexión cada vez que mueren personajes como Eduardo del Río, mejor conocido como Rius. Ícono de los moneros, o caricaturistas en México, se distinguió por ser, quizá, el mayor referente de la sátira política y religiosa. Fue siempre una piedra en el zapato, un cadillo para los poderosos durante la segunda mitad del siglo pasado y lo que va de éste. Aunque seminarista en su adolescencia, poco a poco se fue alejando de la Iglesia católica hasta escribir una de sus obras más conocidas: Manual del perfecto ateo.

5. Muchos de sus textos abordaron el tema religioso: Puré de Papas, El supermercado de las sectas, El católico preguntón, El mito guadalupano, Jesús alias el Cristo, ¿Sería católico Jesucristo?, ¿Fue Jesucristo un guerrillero?, Los primeros cristianos, La teología de la liberación, ¡Cristo vivió en México!, ¡Cuidadito con imitar a Cristo!, Cristo de carne y hueso, ¡Dios!, ¿Por qué la Iglesia católica no paga impuestos?, y un larguísimo etcétera. Con frecuencia repetía cuando se le preguntaba por el tema religioso: “Soy ateo pero cristiano”.

6. Irreverente, Rius fue mal visto por las jerarquías religiosas y políticas. Las primeras lo tildaban de grosero, las segundas no lo pudieron cooptar. Para ambas fue muy peligroso, por ironizar sobre sus impunidades. Bien haríamos en aceptar, con humildad, algunas de las críticas que Rius nos dirigió en sus textos, muchas de ellas provenientes de una persona muy espiritual. Va una de sus frases para terminar: “El humorismo es una rama de la filosofía. Y es la única rama de la filosofía que hace reír mientras pensamos que pensamos”.

7. Cierre ciclónico. Me comenta un amigo, simpatizante de Andrés Manuel López Obrador, que el tabasqueño tiene el triunfo asegurado en las próximas elecciones presidenciales, tanto en la CdMx como en varios estados del sureste mexicano. ¿Por qué Morena no atrae a las clases medias regiomontanas –le pregunté–, indignadas con los políticos tradicionales y desilusionadas de los independientes? Me respondió: “Porque no leen, no tienen sensibilidad social, solo les interesa McAllen, el futbol, la cerveza y la carne asada”. ¿Será cierto?

papacomeister@gmail.com

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