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Lunes , 20.08.2018 / 02:40 Hoy

Siete puntos

Reconstruir

Francisco Gómez

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1. Pasada la terrible tormenta del sismo, que afectó la semana pasada especialmente al centro del país y, de una manera u otra, nos golpeó a todos en México, viene el momento de la reconstrucción. Son muchas las tareas que se desprenden de lo sucedido ese aciago martes 19, y se necesita atenderlas cuanto antes. Es cierto que las principales afectaciones fueron materiales, pero la destrucción tocó también a otras instancias y fenómenos sociales. Es tiempo de restaurar, pero no solo edificios, escuelas y templos. Veamos.

2. Aunque mucho se ha avanzado en términos de prevención, sobre todo desde el terremoto de 1985, falta todavía más por hacer. Es evidente que volverá a temblar, y no basta con tener buenos simulacros para evitar tragedias. Los sismólogos nacionales, orgullo del país, trabajan de forma acelerada para perfeccionar mecanismos que permitan anticiparse a los movimientos telúricos. Pero encuentran serios obstáculos para implementar sus recomendaciones, sobre todo en la Ciudad de México, a causa de la corrupción gubernamental.

3. Reedificar las habitaciones de casi 250 mil damnificados es otra urgencia. Las casas destruidas y los edificios de departamentos colapsados a causa del terremoto formaban parte fundamental del patrimonio personal y familiar de las personas afectadas. Autoridades y constructoras deben dar la cara, ya reconociendo negligencias y corrupciones, ya brindando ayuda a quienes hoy viven en albergues o con familiares y amigos. Especialmente en el sureste del país la ayuda es apremiante, y debe ser transparente. ¿A dónde van nuestros donativos?

4. Los medios de comunicación también necesitan reconstruirse, aunque con cimientos diferentes. No pueden seguir lucrando con tragedias para incrementar sus audiencias y ganancias gracias a ese aumento de rating. El trabajo de algunos noticiarios con sus conductoras fue lamentable, pues parecían más actrices de novela lacrimógena que profesionales de la noticia. Las redes sociales continúan creciendo y, al paso que llevan, no tardan mucho en desplazar a los canales tradicionales que nos informan lo sucedido.

5. Pero en especial la clase política –partidos, independientes, funcionarios públicos, autoridades, etcétera– es la que precisa un nuevo nacimiento. Si ya su descrédito era enorme en la población, hoy alcanzó su cúspide. El recuento de los daños arroja responsabilidades para autoridades corruptas que dieron permisos indebidos de construcción, y los partidos políticos, con su generosa oferta para desprenderse del financiamiento público no han hecho más que incrementar la aversión en su contra. Necesitamos otra clase política.

6. Para todo lo anterior ocupamos especialistas en cada uno de los rubros mencionados; sí, pero también nosotros, ciudadanos de a pie, y que vivimos sin el temor a sufrir ese tipo de estragos, podemos reconstruirnos en dos niveles: manteniendo nuestras ayudas a los damnificados –existen muchas vías para hacerlo– y participando para que esas edificaciones venidas abajo no vuelvan a construirse de la misma manera, ni con materiales semejantes. Si nos quedamos inmóviles se nos cae el país, se viene abajo la vida.

7. Cierre ciclónico. Unos 60 historiadores, sacerdotes y teólogos divulgaron, el lunes pasado, una carta dirigida al actual Papa en la que señalan siete presuntas herejías, aparecidas en su Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris Laetitia. Se refieren al ya famoso capítulo VIII del documento, que lleva por título: Acompañar, discernir e integrar la fragilidad. Allí, Francisco de Roma invita a atender de manera particular y misericordiosa a los divorciados vueltos a casar, para tratar de integrarlos a la comunidad. ¡Vaya sacrilegio!

papacomeister@gmail.com

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