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Sábado , 20.10.2018 / 02:28 Hoy

Siete puntos

¿Por qué murió? ¿Por qué lo mataron?

Francisco Gómez

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1. Hoy, Viernes Santo, rememoramos la muerte de Jesús, primer paso de la Pascua, centro de la vida cristiana. Dos son los elementos que podemos resaltar en torno a su fallecimiento-asesinato, y los podemos ubicar en base a dos preguntas: ¿por qué murió?, es decir, ¿por qué entrega su vida de manera libre y voluntaria?, y ¿por qué lo mataron?, o sea, ¿por qué alguien decidió arrebatarle su existencia de manera violenta? Los dos enfoques son complementarios, y nos ayudarán a entender mejor lo que hoy celebraremos.

2. En primer lugar, creemos que Jesús no es presionado por nada ni nadie –ni siquiera por su Padre Dios– para dar su vida por nosotros. Más aún, Él mismo se sorprende por el tipo de muerte que alcanzará. Su misión redentora, salvífica, no incluía el morir de manera violenta y precipitada. No estamos, entonces, ante un sacrificio ritual, igual al que se practicaba en el Antiguo Testamento, en donde es preciso sacrificar a la víctima para satisfacer los deseos de la divinidad. Dios Padre no se regodea en la muerte de su Hijo.

3. Tampoco podemos considerar la muerte de Jesús como un error de cálculo por parte de los romanos, o como la conjunción de elementos circunstanciales –la celebración de la Pascua, la liberación de un bandolero, etcétera–. Jesús es ejecutado por orden de las autoridades imperiales, por presión de la aristocracia religiosa del templo. Dos serán las acusaciones que sumos sacerdotes, rabinos y fariseos enarbolarán en contra de Jesús, y que darán a Pilatos los elementos suficientes para condenar al Mesías a morir en la cruz.

4. La primera denuncia es de tipo religioso. El alto clero judío tilda de blasfemo a Jesús, pues se proclama el Hijo de Dios. Pero, más allá de esta cuestión teológica estaba detrás un serio problema económico: la desautorización que hacía el nazareno de las prácticas cultuales, en especial las que se llevaban a cabo en el templo de Jerusalén, con abundancia de sacrificios y ritos que arrojaban sustanciosas ganancias para quienes lo regenteaban. Jesús significaba un serio peligro para quienes predicaban más la religión que la auténtica espiritualidad.

5. La segunda incriminación es de corte político-social. La crítica de Jesús a los malos manejos de la religiosidad judía provocó un gran malestar entre los poderosos del templo que buscaron de todas formas, y lo lograron, presentar al hijo del carpintero como un sedicioso, activista contrario a los intereses de Roma en Palestina, revolucionario que desconocía la autoridad del Emperador. Pilato quiere congraciarse con Tiberio y, aunque duda, decide cortar de raíz lo que pudiera ser el inicio de una insurrección.

6. ¿Qué significan estos datos para nosotros al día de hoy? Podemos, como la élite judía, privilegiar a la ley sobre el amor y, como las autoridades imperiales, mantener los privilegios de los que más tienen. O, como Jesús, dedicar nuestra vida al alivio del dolor y del sufrimiento –de acuerdo a nuestras posibilidades y limitaciones–; a instaurar el Reino de paz, amor, verdad y justicia de su Padre; a identificarnos con las víctimas, y no con los victimarios. Si vivimos así, como Jesús, quizá enfrentaremos persecuciones, pero será una vida plena.

7. Cierre ciclónico. Me llama la atención que las principales críticas a la película María Magdalena provengan de varones, casi todos clérigos. Es cierto que el film puede parecer lento, pero el papel que atribuye a la apóstol de los apóstoles –la expresión es de ¡Santo Tomás de Aquino!– se asemeja al ofrecido por especialistas en el tema. Ella aparece como una mujer libre, valiente, sensible, empoderada, líder, enamorada, y ya no como el sinónimo de pecado, arrepentimiento y lágrimas a granel. Bienvenida esta reivindicación de la Magdalena.

papacomeister@gmail.com

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