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Lunes , 22.10.2018 / 20:48 Hoy

¿Ponerse la camiseta?

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1. La posmodernidad sostiene que es preferible valorar lo inmediato sobre las visiones y proyectos a mediano y largo plazo. Aquellos grandes ideales del mundo moderno, como el fin de la pobreza, de las diferencias sociales, de las enfermedades, debían sostenerse con estrategias globales, basadas en programas que siempre ofrecían un final feliz. Estas propuestas dieron pie a que muchas personas abrazaran ideales inmortales. Para llegar al objetivo último había que trabajar durante décadas, para mantenerse fieles a sus convicciones.

2. Así, quienes creían que el capitalismo-neoliberalismo representaba la solución a esos flagelos, estudiaban en universidades que respaldaban tales teorías económico-políticas, y se integraban a organizaciones que las postulaban como tesis inamovibles. Lo mismo sucedía con los que apostaban por el socialismo como panacea para alcanzar la felicidad compartida. Los dos bloques se manifestaban con toda claridad, plenamente opuestos a sus contrarios, seguros de lo que perseguían. Sus integrantes, de un lado o del otro…

3. … se-ponían-la-camiseta. La expresión denotaba un sentimiento de pertenencia que se extendía inclusive a otras esferas de la vida. En las empresas, sobre todo las que se dedicaban al comercio, era necesario constatar que sus empleados tuvieran la camiseta bien puesta, lo mismo en las agrupaciones religiosas, en las ONG y hasta en los clubes deportivos. Quien consumía un producto de la competencia, por ejemplo, o se ponía la camiseta del equipo rival, se hacía acreedor a una expulsión o, cuando menos, a un castigo ejemplar.

4. Pero el mundo cambió… y también las camisetas. Las razones son muy variadas. Una amiga, por ejemplo, se hizo vegetariana y, para no comer carne de cerdo, se convirtió al judaísmo. Pero es en el terreno de la política mexicana y, en concreto, de sus partidos, en donde más hemos visto tales mutaciones. Conozco a muchos priistas que hoy pertenecen a Morena, panistas que se afiliaron al PRI o que se aliaron con el PRD… ¡poniéndose su camiseta amarilla!, y perredistas que lo mismo apuestan por AMLO que por Anaya, o por Meade.

5. Las diferencias ideológicas y en los principios doctrinales parecen no importar. En los partidos políticos más pequeños la situación es todavía más asombrosa, pues lo mismo apostaron en el pasado por apoyar a la derecha que hoy respaldan a los institutos que supuestamente son de izquierda, o aparecen ahora adhiriéndose al PRI. Pareciera que las lealtades se dan en función de las posibilidades de triunfo, y no de las doctrinas, para que esas minúsculas organizaciones puedan seguir apareciendo en el universo político.

6. ¿Tendrá razón, entonces, la posmodernidad, y ya no importan los ideales, los sueños a largo plazo, los principios no negociables? ¿Habrá que cambiar de camiseta de acuerdo a la coyuntura presente? ¿Deberemos vender nuestros ideales al mejor postor? Los que nacimos en México: ¿tenemos puesta la camiseta de nuestro país, o solo nos la ponemos cuando juega la selección de fut? Quienes nos decimos seguidores de Jesús: ¿traemos tatuada su camiseta, o nada más la utilizamos cuando vamos a misa los domingos?

7. Cierre ciclónico. No sé si porque es argentino, pero el Papa fue recibido con protestas en su reciente visita a Chile, clásico enemigo de los chés. Lo cierto es que la irritación de una buena parte de la población es mucha, por los escándalos de pederastia que tanto han dañado a menores chilenos. Pareciera que de nada sirvieron las disculpas institucionales que ofreció Francisco de Roma. ¿No hubiera sido mejor que obispos cuestionados, como Juan Barros, señalado por encubrimiento, se abstuvieran de participar en los eventos papales?

papacomeister@gmail.com

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