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Domingo , 23.09.2018 / 14:20 Hoy

Siete puntos

Morir ya no es noticia

Francisco Gómez

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1. Después de Siria, nación martirizada por el Estado Islámico, México es el segundo país del mundo que contabilizó el año pasado el mayor número de muertes violentas sin estar en guerra con otro país. Estamos en el top 10 de los pueblos con más violencia, y nos acompañan Irak, Nigeria, Afganistán, Yemen, Sudán del Sur, Ucrania y Paquistán, entre otros. Estos decesos, causados por la guerra contra el narcotráfico o por la delincuencia común, también exacerbada, han dejado de ser noticia. Nos hemos acostumbrado a las cifras macabras.

2. Pero tampoco interesan otras muertes, originadas por fenómenos naturales. A nadie parece importar el que el paso de la tormenta Earl haya originado el fallecimiento de 45 personas, 13 de ellas en Veracruz y 32 en Puebla. La mayoría de los decesos se debió a deslaves provocados por las fuertes lluvias. Resulta curioso que al momento de escribir estas líneas, varios diarios de circulación nacional y algunos noticiarios también de alcance en todo el territorio mexicano ni siquiera se ocuparon del lamentable hecho. Lo omitieron.

3. A diferencia de otras catástrofes, en esta ocasión tenemos poco que reprocharles a las autoridades de esas entidades. Parece, de acuerdo a los escasos informes recabados, que siguieron todos los protocolos de seguridad establecidos, advirtieron con tiempo a la población y tomaron medidas adecuadas para impedir, en lo posible, tragedias mayores. Los organismos de protección civil de esos estados mantuvieron la alerta durante la contingencia, y no se les puede reprochar negligencias u omisiones importantes.

4. ¿Será por ello, porque no tenemos elementos para nuestras permanentes críticas a las autoridades, que la noticia pasó inadvertida? Es cierto que en varios casos los deslaves ocurrieron en zonas de alto riesgo, en donde debería estar prohibida la construcción de viviendas. Estaríamos aquí ante deficiencias estructurales, propias de quienes buscan enriquecerse vendiendo terrenos peligrosos. Pero también es verdad que muchas veces los pobladores de esas zonas se resisten a abandonar sus hogares por miedo a perder sus pertenencias.

5. Lo cierto es que la muerte en un solo día de casi 50 personas, ya por responsabilidad de ellas mismas, ya por culpa de fallas gubernamentales, no nos impacta. Vamos. Hasta organizaciones asistenciales de la Iglesia Católica e instituciones altruistas tampoco han iniciado campañas para ayudar a los deudos de los fallecidos. El que vivamos lejos de esos lugares nos vuelve insensibles ante la tragedia ajena, y una suerte de indiferencia existencial nos asalta, y nos permite, como a Caín, desentendernos de la suerte de nuestros hermanos.

6. Miguel Ángel Mesa Bouzas, teólogo laico español, y amigo de una teóloga regia, alumna mía, a la pregunta sobre su nacionalidad respondió: humano. Los estoicos (III aC - II dC), que se oponían a las comodidades materiales, fueron los primeros en definirse como ciudadanos del mundo. Pues bien. Para merecer tales títulos necesitamos interesarnos en nuestros semejantes, aunque no sean paisanos. La muerte de cualquier ser humano nos debe de doler y motivar para hacer algo que impida sucesivas desgracias.

7. Cierre ciclónico. Los Juegos Olímpicos sólo se están viendo por televisión de paga o por algunos canales gubernamentales de menor alcance. Comprendo que es un negocio y que Televisa y Azteca no le llegaron al precio. Sin embargo, para muchas personas que no tienen un sistema de cable, las televisoras abiertas son la única opción para disfrutar de este espectáculo. ¿No podría alguna autoridad intervenir para facilitar el acceso de las mayorías a un evento que nos recuerda algo fundamental pero olvidado: el deporte es mucho más que el futbol?

papacomeister@gmail.com

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