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Lunes , 20.08.2018 / 07:03 Hoy

Monterrey: ciudad de riesgo máximo

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1. Durante los 80 pasé períodos de dos meses al año en el entonces Distrito Federal. Antes de un viaje, un amigo médico y otro policía me regalaron dos objetos que, en su opinión, me resultarían indispensables durante mis estancias en la capital del país: una máscara bucal, para protegerme de la contaminación ambiental, y un gas pimienta lacrimógeno de bolsillo, para defenderme de los ladrones que abundaban en la gran urbe. Confieso que nunca los utilicé, pero contar con ellos me permitía sentirme protegido, seguro.

2. Dejé de ir con esa regularidad en los 90, y una suerte de tranquilidad me invadió. Monterrey no tenía los niveles de contaminación que allá habían originado los “hoy no circula”, y podíamos movernos en la ciudad, por las noches o en colonias alejadas, sin grandes preocupaciones. Todavía conservo los obsequios de mis amigos, empacados en un cajón del ropero, nuevos. Aunque es probable que, a como se están presentando las cosas en la zona conurbada, pronto tenga que acudir a ellos. Veamos.

3. Y es que, durante el año pasado, Nuevo León presentó más del doble de fallecimientos a causa de la contaminación ambiental que por asesinatos vinculados al crimen organizado, o por muertes violentas. Si en el 2011, el año más sangriento de la famosa inseguridad, tuvimos dos mil homicidios dolosos, ahora debemos contabilizar un promedio anual de casi 5 mil muertes a causa de enfermedades respiratorias, provocadas por la mala calidad del aire. Sí, aunque no lo podamos creer, es más peligroso respirar en las calles que transitar por ellas.

4. ¿Y las autoridades? Pareciera que, insertas en la vorágine preelectoral, están más preocupadas por recabar firmas que por resolver los problemas de la sociedad. Pese a que las alertas ambientales son diarias, aumenta día a día el parque vehicular y muchas empresas se distinguen por sus chimeneas, lo más que se nos sugirió fue no utilizar fuegos artificiales durante diciembre pasado. Quienes nos visitan por avión o carretera ya no ven a la otrora bella ciudad de las montañas, sino una nata venenosa extendida por los cuatro puntos cardinales.

5. En el terreno de la inseguridad estamos igual. Este enero que acabamos de terminar fue el mes más violento en los últimos cinco años, y el Pulsómetro, como se conoce al Pulso Metropolitano de Seguridad, elaborado por el Itesm a petición de los organismos empresariales locales, reveló el pasado diciembre que, en dos años, la población de la entidad que no se siente segura subió a un 90%. Por más que las cifras oficiales lo nieguen, el riesgo de un asalto, un secuestro, una extorsión, un robo, está a la orden del día.

6. Hemos convertido a Monterrey y la zona conurbada en un espacio de alto riesgo. El pesimista cree que esta situación va a empeorar, y pronto. El optimista sostiene que tenemos una ventaja: ya sabemos cómo vamos a morir, lentamente, a causa de la contaminación, o de manera violenta, por una bala perdida que nos encuentre. Yo digo que debemos exigir más a las autoridades, y hacer lo que nos corresponde a nivel micro: cuidarnos más a nosotros y a nuestras familias, y proteger más al medio ambiente. ¿Desempaco la máscara y el gas?

7. Cierre ciclónico. Los padres de las personas desaparecidas, siempre con lágrimas en los ojos, buscan afanosamente encontrar a su ser querido, aun si ya está muerto, para poder velarlo y cumplir con el necesario luto. Hasta el momento de escribir este texto, tenemos el fenómeno contrario: el alma del niño de ocho años que fue asesinado el pasado martes, y que sigue buscando a alguien que reclame su cuerpo. Si indigna hasta las entrañas la muerte violenta de un menor, asombra todavía más el que, ni fallecido, sea atendido por su familia.

papacomeister@gmail.com

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