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Martes , 23.10.2018 / 12:17 Hoy

Siete puntos

¿‘Monjas pizza’?

Francisco Gómez

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1.Con motivo del Día Internacional de la Mujer, celebrado ayer jueves, se han sucedido en el mundo entero diversas manifestaciones, que no festejos, buscando reflexionar sobre el papel que ellas juegan en nuestra sociedad actual. El tema se ha abordado desde diversos ángulos: el laboral –muchos varones ganan más que las mujeres por el mismo trabajo–; el de las madres capitanas del hogar; el sexual, en especial en lo referente al acoso, y también, aunque en menor medida, el rol que ellas juegan al interior de la Iglesia Católica.

2. No es nueva la preocupación sobre el trato que las damas reciben en la institución eclesiástica, y aunque se han dado pasos significativos en el intento por respetar sus derechos, tanto en documentos oficiales –La Dignidad de la Mujer (1988) y la Carta a las Mujeres (1995) de Juan Pablo II, más los frecuentes mensajes del papa Francisco– como en asignaciones para cargos relevantes en la Curia Romana, pareciera que en muchos otros aspectos de la vida eclesial se les sigue relegando a un segundo plano.

3. Y es que me llamó la atención el artículo Illavoro (quasi) gratuito dellesuore (El trabajo [casi] gratuito de las monjas) publicado la semana pasada, en la revista Donne, Chiesa, Mondo (Mujeres, Iglesia, Mundo), del diario oficial del Vaticano, L’Osservatore Romano. Este medio refleja de una manera u otra, la opinión del Papa en turno. En el texto se menciona que, junto a religiosas con títulos académicos, enseñando en universidades y centros pastorales, existen otras muchas dedicadas al servicio de casas parroquiales y episcopales.

4. Estas últimas no solo se encargan de preparar los alimentos para párrocos y obispos, sino también del lavado de su ropa y del aseo en general de las instalaciones. A diferencia de las pocas que son profesoras y catequistas, armadas de libros y computadoras, a éstas se les ve con sartenes, escobas y trapeadores en las manos. Tales religiosas vienen a ser, en términos prácticos, empleadas domésticas, lo que ha sido cuestionado por algunas organizaciones feministas italianas, llamándolas en forma despectiva: monjas pizza.

5. Conviene aclarar que no se coloca en cuestionamiento al trabajo doméstico, muy digno y merecedor de las prestaciones de ley en cada país. El problema viene cuando tales actividades reflejan una explotación de las consagradas por parte de los clérigos varones, al no pagarles salarios justos ni sujetarlas a horarios laborales respetuosos. Además, con frecuencia se reclutan jóvenes muy pobres, a las que se les ofrece techo y comida, a cambio de dedicarse a las labores domésticas en las residencias clericales.

6. El artículo citado –que, repito, refleja la mentalidad de Francisco de Roma–, distingue entre servicio y servidumbre. El primero manifiesta un acuerdo entre pares que se hace con gusto –como puede ser en los matrimonios actuales, donde cada vez más los cónyuges se dividen las tareas de la casa–, mientras la segunda expresa una conexión de poder, en la que el varón se impone por su supuesta autoridad moral. Ojalá y la celebración de ayer nos ayude a todos, varones y mujeres, a desterrar cualquier asomo de dominio en nuestras relaciones.

7. Cierre ciclónico. Ya viene. Ya se le están dando los últimos retoques. En los próximos días, el arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera López, publicará un documento en el que invitará, especialmente a los católicos, a participar en las próximas elecciones. Insistirá en que la participación no podrá reducirse a la jornada electoral, sino que deberá ser permanente. Y es que de nada nos servirá votar el 1 de julio, si después nos tomamos unas vacaciones participativas de tres años. Estemos al pendiente.

papacomeister@gmail.com

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