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Siete puntos

¿Lo mínimo?

Francisco Gómez

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1. El aumento al salario mínimo ha provocado diferentes reacciones, pero todas desde el ángulo económico. Para el presidente Peña Nieto, por ejemplo, el que haya pasado de $80.04 a $88.36 –o sea un 10.4%– lo ve como un gran logro, como un ajuste no menor, ya que se trata de una recuperación del 20% en términos reales. Por su parte Miguel Mancera y los dirigentes de los principales partidos políticos consideran insuficiente el incremento, pues no llega a la línea mínima de bienestar señalada por el mismo Coneval…

2. … (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social). Otra reflexión hecha cada año tiene que ver con el carácter referencial de tal salario. Cada vez son menos las personas que solo perciben ese ingreso por su trabajo, por lo que se ha convertido en una especie de tabulación, de tasa para fijar cantidades de dinero. ¿Qué se mide en salarios mínimos?: multas, pensiones alimenticias, créditos hipotecarios, contratos, sanciones administrativas, costos de los procesos judiciales, jubilaciones, etcétera.

3. Más allá de estas disquisiciones económicas, siempre me ha llamado la atención el empleo de la palabra mínimo, para calificar el salario otorgado al empleado. El sueldo que se entrega a un trabajador es, desde muchos ángulos, un reconocimiento a su trabajo, su capacidad, competencia, antigüedad, responsabilidades, riesgos, etcétera. ¿Qué sentirá cuando todos esos rubros se fijan en base a una cantidad mínima? ¿No se podría establecer, en sentido contrario, una cantidad fija para cada oficio, sin utilizar esa palabra…

4. … y brindar algún tipo de compensaciones, bonos, gratificaciones, premios, etcétera, en base a los criterios antes mencionados –trabajo, capacidad…–, que permitieran incrementar los honorarios? Una clásica frase en las empresas, oficinas y talleres, empleada por trabajadores descontentos con su salario, se escucha así: “medio-trabajo porque medio-me-pagan”, o peor aún: “si me dan unos cuantos salarios mínimos les daré unos cuantos mínimos esfuerzos, resultados, ganancias, números negros, utilidades, etcétera”.

5. En otros terrenos, el uso de la palabra multimencionada es peor. ¿Qué siente un enamorado cuando percibe que su amada lo quiere al mínimo posible? ¿Y un equipo académico cuando uno de sus miembros se esfuerza al mínimo? ¿Qué dirá Dios cuando nos conformamos con ir a misa el domingo, rezar de vez en cuando, y ayudar a los pobres solo en la Navidad, es decir, cuando realizamos nuestro mínimo empeño religioso? Yo mismo: ¿cómo me siento cuando avanzan los días, los años, y sigo viviendo al mínimo necesario?

6. La española Adela Cortina, una de las principales filósofas de la actualidad, distingue entre la ética de mínimos, expresada en el simple cumplimiento a las normas y reglamentos, y la ética de máximos, que busca ir más allá de la simple obediencia a los mandatos. Maximizar nuestras potencialidades, por ejemplo, es una tarea propia de quien quiere aportar, innovar, ser feliz. Ojalá y apostemos por el esfuerzo máximo, para dejar atrás la mediocridad que se asocia al mínimo riesgo. Que el ahínco, la vehemencia y el ardor sean nuestras máximas.

7. Cierre ciclónico. Me parece que los probables candidatos a la Presidencia de la República de los partidos políticos o son esquizofrénicos o piensan que nosotros lo somos. Esa enfermedad se define como el trastorno complejo de la personalidad, que produce distorsiones en la percepción de la realidad. Cuando nos dicen que sus partidos elegirán a su candidato sin dedazos: ¿en verdad se lo creen? ¿Les creemos? ¿Creen que nosotros les creemos? ¿Quiénes son los esquizofrénicos? ¿Ellos o nosotros?

papacomeister@gmail.com

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