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Sábado , 23.06.2018 / 23:00 Hoy

Siete puntos

Hiroshima y Monterrey

Francisco Gómez

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1. Ayer jueves se cumplieron 70 años del ataque nuclear en contra de Hiroshima, Japón, el 6 de agosto de 1945, ordenado por el entonces presidente norteamericano Harry S. Truman. A los tres días se bombardeó atómicamente también a Nagasaki. Se estima que el día de la tragedia, y en los meses siguientes a causa del envenenamiento por las radiaciones, murieron cerca de 250,000 personas, en su gran mayoría civiles. La agresión norteamericana, ampliamente cuestionada, tuvo, como siempre, las dos caras de la moneda.

2. Desde el pragmatismo bélico, se defendió el uso de las bombas atómicas con base en el mal menor. Truman declaró, para justificarse, que había usado la letal arma para acortar la agonía de la guerra, y para salvar la vida de miles y miles de jóvenes estadunidenses. La prueba de que la medida fue efectiva, es que Japón capituló a los pocos días de la masacre, el 15 de agosto, lo que marcó el final de la Segunda Guerra Mundial. Todavía hoy no falta quien aplaude la decisión del presidente Truman, aunque lamenta las muertes de los civiles.

3. Sin embargo, y más allá de la andanada de críticas que surgieron en la opinión pública de aquellos años, hubo quien, en el mismo seno del poder norteamericano, cuestionó el hecho. Años después, el comandante de las Fuerzas Aliadas en Europa, Dwight Eisenhower, y sucesor de Truman en la Casa Blanca, declaró que los japoneses ya estaban a punto de rendirse, por lo que era innecesaria esa medida. Analistas sostienen que los EU quisieron mandar un mensaje de poder a la Unión Soviética, que estaba a punto de aliarse con Japón.

4. Resulta claro, con el paso de los años, que los EU y su presidente vivieron un conflicto ético, y que su decisión tenía supuestas bondades –apresurar la rendición nipona, evitar más muertes norteamericanas, asustar a la URSSS, etc.– que les llevaron a inclinar la balanza por el uso de la bomba atómica. Lo mismo parece suceder con nuestro estado de Nuevo León y la ciudad de Monterrey en los últimos meses. De ninguna manera pretendo comparar la magnitud de aquella tragedia nuclear con lo que nos ocurre, pero hay similitudes.

5. Empresas inmensas deciden construir un estadio de futbol en medio de un recinto que, quizá abandonado, significaba un pulmón para la zona oriente de la mega urbe. No les importó afectar el ecosistema –el video de casi cinco minutos en el que se ve a los animales del zoológico La Pastora aterrorizados por los juegos pirotécnicos de la inauguración del estadio es mucho más que impactante– en aras de proveer a la población de un espectáculo, más la enorme ganancia económica, claro, por la venta de cerveza.

6. Autoridades de todos niveles que, subidas al ferrocarril de las pasadas elecciones, no les importó dejar detrás una ciudad devastada, con baches semejantes a cráteres, con deudas impagables y con la amenaza de la inseguridad no controlada siempre latente. Por favor. No tiene comparación lo sucedido en las poblaciones japonesas hace 70 años con lo que vivimos aquí, pero la violencia ejercida en ambas partes tiene su mismo origen: la devastación de la alteridad, lo mismo dígase seres humanos que animales, en aras de la prosperidad.

7. Termino con dos citas de la Laudato Si del papa Francisco: “Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma y nada garantiza que vaya a utilizarlo bien, sobre todo si se considera el modo como lo está haciendo” (#104) y “El paradigma tecnocrático tiende a ejercer su dominio sobre la economía y la política. La economía asume todo desarrollo tecnológico en función del rédito, sin prestar atención a eventuales consecuencias negativas para el ser humano” (#109). Que nunca más haya ataques atómicos ni masacres ambientales para ver futbol.

papacomeister@gmail.com

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