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Miércoles , 21.11.2018 / 03:08 Hoy

Siete puntos

‘Gaudete et exsultate...’

Francisco Gómez

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1. ¡Alégrense y regocíjense!, es la traducción de las palabras con las que inicia la reciente Exhortación Apostólica del papa Francisco sobre el llamado a la santidad en el mundo actual. Bergoglio pretende señalar los riesgos, desafíos y oportunidades que representa ese objetivo, quizá ya olvidado por muchos. Con su pastoral estilo va desechando ideas tan extendidas como erróneas sobre la santidad, invitándonos a pensar que santos no solo son los ya beatificados o canonizados, sino también tantos que están en la puerta de al lado: …

2. … Padres que crían con amor a sus hijos, hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, ancianos que siguen sonriendo, etcétera. Es cierto, dice Francisco de Roma, que la santidad es el rostro más bello de la Iglesia, pero también lo es de muchas personas que no son católicas, y que dan ejemplo de honestidad, rectitud, generosidad y preocupación por los demás. También les recomienda a quienes tienen algún tipo de autoridad que sean santos luchando por el bien común y renunciando a sus intereses personales.

3. El Papa ataca otras ideas asociadas con una supuesta santidad, y nos dice que no es sano absolutizar el silencio y rehuir el encuentro con los demás, sobrevalorar el descanso rechazando la actividad y exagerar en los tiempos de oración mientras se menosprecia el servicio, sobre todo a los más necesitados. Insiste en que podemos santificarnos en el ejercicio cotidiano de nuestras tareas y responsabilidades. El espíritu de santidad debe impregnar tanto los momentos de soledad como los de frenética actividad.

4. Corrige Francisco a aquellos que piensan en la santidad como algo que quita vida, alegría, energía creadora, fuerza innovadora. Por el contrario. Ella es el impulso que nos lleva a explotar al máximo todas nuestras potencialidades, y cita a León Bloy: “En el fondo, en la vida existe una sola tristeza, la de no ser santos”. Después de combatir dos herejías, el documento ofrece una interesante reflexión sobre las bienaventuranzas, carnet de identidad del cristiano. Y es que la palabra santo debe ser sinónimo de bienaventurado o feliz.

5. Van las definiciones de santidad que el Papa propone, de acuerdo a esas bienaventuranzas: ser pobre en el corazón, reaccionar con humilde mansedumbre, saber llorar con los demás, buscar la justicia con hambre y sed, mirar y actuar con misericordia, mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, sembrar paz a nuestro alrededor y aceptar cada día el camino del Evangelio, aunque nos traiga problemas… esto es santidad. Y remata: “Ser santos no significa blanquear los ojos en un supuesto éxtasis”.

6. Termina el documento citando algunas notas de la santidad en el mundo actual: aguante, paciencia y mansedumbre; alegría y sentido del humor; audacia y fervor; en comunidad; en oración constante; el combate, la vigilancia y el discernimiento. Queda claro que, para Francisco de Roma, una persona santa no es aquella que se pasa todo el día en el templo, o que se aleja de los problemas sociales. Por el contrario. Es quien, de acuerdo a sus capacidades y posibilidades, se involucra en la realidad, buscando transformarla.

7. Cierre ciclónico. Cuando un partido de futbol está marcado por gran rivalidad entre los equipos rivales, por una afición dividida y medios de comunicación parciales, la importancia del árbitro aumenta exponencialmente. Tiene que ser experimentado, reconocido por organismos internacionales, poco protagonista, capaz de generar confianza en los adversarios, inmune a las presiones externas a la cancha –sobre todo económicas–, objetivo, neutral. Lo bueno es que el próximo 1 de julio tendremos elecciones, no un partido de futbol.

papacomeister@gmail.com

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