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Viernes , 14.12.2018 / 11:44 Hoy

Siete puntos

Escuelas: ¿centros de adaptación social?

Francisco Gómez

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1. Hace ya tiempo que las cárceles o prisiones adquirieron el rimbombante nombre de Ceresos, es decir, Centros de Readaptación Social. Con esta nomenclatura se buscaba enfatizar que los presos se sometían a un proceso de internamiento, para después reintegrarse, suponemos que mejorados, a la sociedad. Todos sabemos que, en la mayoría de los casos, quienes regresan a la libertad lo hacen con mayores actitudes y herramientas delictivas. Pero, a fin de cuentas, retornan a una sociedad que, generalizando…

2. … no se distingue por sus afanes de honestidad ni por la vivencia excepcional ya no digamos de virtudes cristianas, sino ni siquiera de valores humanos. Pareciera que quien cae en esos lugares, por algún delito cometido o de manera injusta, se somete a un período de entrenamiento para regresar a delinquir de maneras más sofisticadas, y no para formar parte de ese sector, cada vez menor, que quiere apostar por la construcción de un México y de un Monterrey justos y equitativos, incluyentes y generosos, ejemplos para otras latitudes.

3. Algo semejante, creo, puede pasar con las escuelas, desde las primarias hasta las universidades. ¿Cuántas de ellas se conciben solo como centros de adaptación social? Es decir, instituciones que capacitan a las personas para que se comporten adecuadamente en la sociedad, para que se inserten en ella… ¿con espíritu crítico e impulsos transformadores, o como meros engranajes de una cadena productiva y reproductiva que debe ser mantenida como está? Muchos papás realizan grandes esfuerzos para inscribir a sus hijos…

4. … en las mejores instituciones educativas, calificadas así por sus elevados costos. ¿La decisión obedece a que en esos lugares aprenderán religión –como se deseaba hace 50 años– o valores –hace 20–? No. Es para que dominen el inglés, puedan acceder a grados superiores y llegar a recibirse, para “ser alguien en la vida”. Si a ello le agregamos que en esos sitios están los hijos de personajes notables la ecuación será perfecta, pues conocerán a quienes ya-son-alguien-en-la-vida, y ese contacto les servirá en el futuro.

5. La semana pasada celebré la misa de una graduación. Flamantes licenciados en derecho, de reconocida universidad local, estaban acompañados por sus orgullosos papás. Invité a los graduados a luchar por un mundo en donde impere la legalidad, y a ponerse al servicio de los más necesitados, de quienes no pueden pagar los costosos bufetes de abogados. Que sus conocimientos, insistí, sirvan para instaurar el estado de derecho que tanta falta nos hace. Me miraron con compasión y, al acabar la ceremonia…

6. … uno de sus maestros, desilusionado, me dijo que sus alumnos no tenían esos ideales, sino defender a alguien con mucho dinero, aunque sea delincuente, para ganar un buen porcentaje y formar así su propio despacho, su patrimonio personal y familiar. Y es que el mundo es así, remató el profesor, y solo repiten lo que ven. Abogados, entonces, egresados de un centro de adaptación social llamado universidad, prestos a asimilarse, preparados a repetir esquemas y a innovar procedimientos pero sin tocar el sistema. Qué triste.

7. Cierre ciclónico (CieCic). Una amiga que leyó el CieCic de la semana pasada dice que no, que no es cierto que los regios no votamos por AMLO porque no leemos y no tenemos sensibilidad social, como sostiene otro amigo. Por el contrario, ella afirma que precisamente quienes leen y participan en actividades altruistas nunca votarán por Morena. No es de extrañarse –siempre según mi amiga– que esa propuesta tenga adeptos solo en los estados más pobres del país, en donde no se lee ni se practica la filantropía. ¿Será cierto?

papacomeister@gmail.com

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