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Miércoles , 19.09.2018 / 12:55 Hoy

Siete puntos

¿Empresarios sí, curas no?

Francisco Gómez

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1. Si un ministro de culto –sacerdote católico, pastor protestante, rabino judío, etcétera– dijera a sus fieles, en una celebración litúrgica, que deben votar en contra de las propuestas populistas enarboladas por un candidato a la Presidencia de la República, que su eventual triunfo convertiría a nuestro país en otro Venezuela y que, por todo lo anterior, es mejor optar por quien esté en el segundo lugar al mediodía del 1 de julio, ese clérigo estaría infringiendo el artículo 16 de la Ley General en Materia de Delitos Electorales, y el artículo 336…

2.…de la Ley Electoral del Estado de Nuevo León, que prohíben a los ministros de culto inducir, presionar u orientar el sentido del voto en favor o en contra de un partido, candidato o coalición, o inducir a la abstención. Si otro pastor religioso solicitara a su grey votar por el cambio, por un gobierno austero y sensible, lejano de la corrupción y los moches, capaz de revisar las reformas estratégicas; es decir, que se situara en el otro lado de la moneda electoral, estaría de la misma manera quebrantando las leyes mencionadas.

3. Parece que para algunos empresarios mexicanos tal restricción no existe, pues de ellos son las recomendaciones o, en algunos casos, exigencias, que aparecen al inicio de este artículo, según reportes de los últimos días presentados por diferentes diarios nacionales. Se comenta en redes sociales que incluso en algunas empresas se ha ofrecido dinero para quien muestre el 2 de julio su dedo pulgar manchado, y certifique –¿cómo?– que no votó por un determinado candidato. ¿Por qué esos empresarios actúan con tal libertad…

4. …si es evidente que están presionando a sus empleados? Y es que a raíz de textos escritos y videos en los que algunos capitanes de empresa llaman a no votar o a votar en favor de un candidato –todos sabemos hacia quién está dirigido ese dardo–, especialistas en materia electoral, como Luis Carlos Ugalde, ex consejero presidente del Instituto Federal Electoral,comentó que tales expresiones no constituían un delito, sino un ejercicio de la libertad de expresión. ¿Por qué ellos sí pueden ejercer ese derecho y los ministros de culto no?

5. Por dos razones, una canónica, en la Iglesia Católica, y otra civil, de acuerdo a las leyes mexicanas. La primera sostiene que si un clérigo manifiesta públicamente sus preferencias políticas, dejaría de presentarse como un signo de unión en su comunidad. La segunda, amparada en la historia de nuestro país, supone que los pastores de las greyes religiosas tienen tal influjo en sus ovejas que ellas, casi sin chistar, seguirían las indicaciones que ellos les transmitieran, afectando así la necesaria libertad a la hora de votar.

6. A reserva de comentar, en una entrega posterior, la concepción infantil sobre la ciudadanía que está detrás de esta postura, hagámonos una pregunta: ¿Qué podrá resultar más inquietante para un empleado devoto de su religión: el que su párroco lo amenace con las llamas del infierno, si no vota de acuerdo a las opiniones políticas que él comparte desde el púlpito, o que su patrón lo conmine a ejercer su derecho al voto en favor de los intereses que, supuestamente, convienen a la empresa porque, de lo contrario, perderá su empleo?

7. Cierre ciclónico. Me comenta un amigo, crítico de las reformas emprendidas por Francisco de Roma, dos noticias vaticanas recientes: el Papa pide a jóvenes dudosos sobre su orientación sexual que mejor no entren al seminario, y el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el neocardenal Luis Ladaria, cerró una vez más las puertas al sacerdocio femenino. ¿No te desilusionan estas posturas?, inquiere mi amigo. No, respondo. Ni me sorprenden. No será Francisco quien las cambie. Seremos nosotros. A ver cuándo.

papacomeister@gmail.com

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