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Miércoles , 19.09.2018 / 20:56 Hoy

Siete puntos

El servicio público: ¿una vocación?

Francisco Gómez

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1. Invité a Miguel Treviño a platicar con mis alumnos de la clase Liderazgo y Ética en la Función Pública, que imparto en el EGAP. El que fuera jefe de la Oficina Ejecutiva del Gobernador, además de conocido académico y periodista, e impulsor de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública y de la Reforma Constitucional de 2008 de nuestro Sistema de Justicia Penal hacia la Oralidad, aceptó gustoso dialogar con quienes estudian su maestría, y hasta platicó sobre las razones de su reciente renuncia.

2. Pero su intervención se centró, más bien, en delinear el perfil ético del servidor público. Inició con un testimonio sobrecogedor, el de un policía que dijo: "Hoy fui dado de alta en la Policía, y dado de baja en la sociedad". La frase manifestaba el descrédito que sufren quienes se encargan de vigilar el cumplimiento de la ley, y que en la administración pasada, con la creación de Fuerza Civil, hasta se intentó quitar el mismo nombre de policía. Hoy, todavía, la palabra evoca corrupción, peligro, en vez de seguridad y honestidad.

3. Comentó que, contrario a lo que muchas veces se piensa, los salarios percibidos en la función pública siguen estando muy por debajo de los que se reciben en el sector privado, y que quien quiera trabajar en el gobierno, por ejemplo, deberá aspirar a ello con esa conciencia. A iguales responsabilidades, diferentes percepciones, muy superiores en las empresas. Esta temática le sirvió para trazar el perfil o retrato hablado del servidor público, y lo delineó con tres características: vocación, ideario y justificación.

4. En primer lugar, la función pública debe ser considerara como una verdadera vocación, semejante, por ejemplo, a la del médico. Ella supone una entrega y un sacrificio que implica, muchas veces, dejar en un segundo término valores como la familia, el descanso y el justo ascenso social. Una vocación que en su nombre, servicio, lleva la misión, la encomienda. Miguel conoce a muchos funcionarios públicos que no tienen esta vocación, pero a muchos también que sí la viven, y que sufren el desprestigio a causa de los otros.

5. Un funcionario público debe tener claro su ideario, que no ideología. Es decir, un conjunto de principios e ideas claras que le permitan saber con certeza lo que quiere, los objetivos a alcanzar, los caminos por recorrer. Recomendó el círculo de oro, de Simon Sinek, quien sugiere basarnos más en el porqué, que en el cómo o en el qué. Esta metodología, que puede servir para mejorar las ventas de un producto, también es útil para clarificar nuestra vida. Debemos preguntarnos con más frecuencia por qué hacemos lo que hacemos.

6. Por último, el servidor público debe explicar lo que hace, y explicarse a sí mismo por qué hace lo que hace. La transparencia es una de las exigencias más extendidas en la actualidad, y ya no pueden existir funcionarios que se niegan a explicar sus actos, que no quieren rendir cuentas. Quien se dedique a la función pública debe saber que ya no tendrá vida privada —si acaso íntima—, por lo que necesita transparentar por completo su vida. Ojalá, concluimos, tengamos más servidores públicos con este perfil.

7. 'Cierre ciclónico'. ¿No va a salir de viaje la próxima semana? Aproveche, si es creyente, para participar en alguno de los oficios litúrgicos de estos días y, sobre todo, para introducirse en la dinámica pascual que nos invita a la conversión. ¿No es creyente? El descanso primaveral es también una oportunidad para poner en orden nuestras ideas, reflexionar y meditar un poco, resignificar nuestra vida. ¿Sí se va a dar una escapadita? Busque un espacio para alejarse del bullicio y del ruido, de preferencia en familia. La fe no tiene vacaciones.


papacomeister@gmail.com

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