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Siete puntos

¿Descanso o alienación?

Francisco Gómez

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1. Para alegría de muchos, ha iniciado el Mundial de Futbol en Rusia. Los fanáticos, que siguen a los 32 equipos participantes, conocen sus alineaciones y padecieron sus sufrimientos en la etapa clasificatoria, están de plácemes porque por fin llegó la justa mundialista. Durante un mes estarán pegados a la tele, aún en horarios de trabajo, para observar los partidos y sus respectivas repeticiones. Quienes no tienen el mismo entusiasmo se subirán a la ola futbolera y, con menor intensidad, atenderán a las principales noticias del evento ruso.

2. Pero creo que todos los mexicanos, seducidos o no por el soccer, estamos agradecidos de la magna competencia porque nos brindará un respiro, después del bombardeo al que nos han sometido las campañas electorales. Aunque éstas terminan formalmente hasta el 27 de junio, el arribo del futbol a nuestras vidas opacará, quiéralo o no el INE, a las últimas apariciones de los candidatos en las pantallas. Porque: ¿qué preferiremos en los próximos días: ver a Messi, Ronaldo y al Chicharito, o a los postulantes del PRI, PAN y Morena?

3. Este fenómeno distractor de los deportes, en especial del futbol, no es nuevo. Ver o practicar el balompié nos permite alejarnos de las preocupaciones cotidianas, retirarnos por unas horas del ajetreo laboral, refrescar la mente y el corazón con el triunfo o el fracaso –da lo mismo– del equipo preferido, respirar, aliviarnos de las presiones. Pero, como toda distracción, el Mundial de Moscú puede significar, más que un descanso, una alienación, un escape de las responsabilidades que, aunque no nos guste, debemos atender.

4. Una señal para distinguir si nuestros ratos libres son verdaderos reposos o, más bien fugas de la realidad, consiste en analizar qué tan recreativos son esos momentos. Es decir: ¿el merecido o necesario descanso me sirve para recuperar energías, fortalecer mi resiliencia superando adversidades y encontrar nuevas herramientas para innovar mi vida, o más bien es un embrutecimiento que sí, me proporciona un placer efímero, me relaja, me distiende, pero que, de manera paradójica, me cansa y termina agobiándome todavía más?

5. El 15 de julio, que termina la copa del mundo, ya tendremos otro presidente de la República, y nuevos senadores, alcaldes, diputados federales y locales. ¿Daremos seguimiento a nuestro voto, corroborando la validez de los resultados, vigilando que los elegidos cumplan con sus promesas de campaña? ¿O más bien nos daremos otras vacaciones políticas de tres años, sin participar en los problemas de nuestra comunidad, y apoltronados frente a la tele para ver si continúa por tiempo indefinido la serie de Luis Miguel?

6. Ojalá y el acontecimiento soviético de este año nos sirva para descansar, para cargar baterías y, además de representar un paréntesis en nuestras existencias, asfixiadas por los millones de spots que hemos engullido en estos meses, nos impulse a construir un México mejor, en donde los niños y jóvenes practiquen más el deporte y lo vean menos por la tele. Un país en donde los gobernantes ya no sean impunes y rindan cuentas. Una nación digna y firme frente a las amenazas extranjeras, y sensible ante los más débiles y desposeídos.

7. Cierre ciclónico. Gritar, responder y liberar, son las palabras clave del mensaje del papa Francisco para la II Jornada Mundial de los Pobres, a celebrarse el próximo 18 noviembre de este año. Ahora que estamos pensando por quién votar el 1 de julio, bien nos haría plantearnos la siguiente pregunta: ¿Qué candidato, partido o coalición nos da más garantías de que se preocupará por aliviar la pobreza endémica en nuestro país? ¿Estamos dispuestos a colaborar nosotros –y de qué manera– a acabar con ese flagelo?

papacomeister@gmail.com

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