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Sábado , 15.12.2018 / 08:10 Hoy

Siete puntos

¿Ciudadanos infantiles?

Francisco Gómez

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1. Benedicto XVI estaba llegando a Colonia, Alemania, en 2005. El reportero entrevista a una eufórica pareja que grita vitoreando a Josep Ratzinger, y le pregunta: “¿Quieren ustedes mucho al Papa?”. “Claro”, responden, “es alemán, como nosotros”. “¿Y ustedes: están casados?”, avanza el entrevistador. “No, somos novios”, informan los jóvenes. “¿Y tienen relaciones sexuales?”, se atreve el del micrófono. “¡Claro!”, sonríen los chavos. “Pero el Papa dice que eso es pecado”, recuerda el interrogador.“Pues respetamos lo que diga el Papa, …

2.…pero nos queremos mucho”, rematan los enamorados. La anécdota ilustra un fenómeno cada vez más frecuente en la Iglesia Católica: no se objetan, en teoría, los postulados doctrinales, pero en la práctica se ignoran. La realidad supera a la apariencia, y se prefiere evitar el conflicto a enfrentarlo. Y no por falta de argumentos en ambos lados, sino por la certeza de que las posiciones son infranqueables. Es la condescendencia del hijo rebelde hacia sus padres ancianos. No se les contradice, pero no se les obedece. Es mejor no preocuparlos.

3. Y es que la conciencia bien formada, criterio último de actuación, nos pide considerar todos los elementos que intervienen en una decisión, sopesarlos, discernirlos, para, a final de cuentas, y una vez realizado ese proceso, sea esa conciencia de la persona la que, en definitiva, opte por una cosa o por otra. Bernard Häring, quizá el mejor teólogo moralista de finales del siglo pasado, definía a la conciencia como un santuario de fidelidad y de libertad creadoras. Estamos llamados a ser fieles a nuestros criterios y libres para ponerlos en…

4. … práctica, con creatividad. Debemos escuchar y atender a lo que nos dicen nuestras autoridades de todo tipo, pero nuestra conciencia bien formada es un tabernáculo en donde nadie puede penetrar, a menos que lo permitamos. Todo esto viene a cuento por la prohibición de que empresarios y ministros de culto busquen influir en sus trabajadores y fieles en las elecciones inminentes. La ley supone que los planteamientos de tales líderes serán recibidos como consignas, y que deberán ser obedecidas sin chistar.

5. Se argumenta que el influjo de esos personajes en la ciudadanía puede ser tal que lleguen a mangonear, para conveniencia de iglesias y empresas, los próximoscomicios. Se insiste en que el miedo al castigo divino o al despido del empleo, es capaz de cambiar la orientación del voto de personas incapaces de formarse su propio criterio, fáciles para ser manipulados, sumisos ante las órdenes del de arriba. ¿Es real este análisis? ¿En verdad nos dejamos guiar por otras personas a causa de su autoridad moral o de su poderío económico?

6. Suponer que los fieles o los trabajadores van a votar por lo que sugieran los curas o los empresarios es tacharlos de infantes, incapaces de procesar la información disponible, y con una propensión a ser influenciados que sólo tienen los niños. Podríamos, en cambio, y si la ley lo permitiera, revisar lo que nos propongan, analizar sus sugerencias, pero, a fin de cuentas, el 1 de julio la casilla electoral será un pequeño templo, en donde nadie puede intervenir para forzarme a votar en una dirección u otra. Claro, a menos que yo lo permita.

7. Cierre ciclónico. La carta que envió Francisco de Roma a Gustavo Gutiérrez, con motivo de sus 90 años, puede ser entendida como un mero gesto de cortesía hacia el padre de la Teología de la Liberación. Otros creemos, más bien, que es un respaldo papal a la trayectoria del teólogo peruano, tan cuestionada en algunos sectores eclesiales, que también lo han criticado a él. A ello me refiero en mi libro De la Teología de la Liberación a la Teología del Papa Francisco. ¿Ruptura o Continuidad?, de próxima aparición. Esté al pendiente.

papacomeister@gmail.com

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