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Miércoles , 18.07.2018 / 15:48 Hoy

Siete puntos

2017-09-08

Francisco Gómez

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1.. Pablo VI fue el primer Papa de la era moderna en salir del Vaticano para visitar a la grey católica de otras latitudes. No fueron muchos sus viajes, como también Benedicto XVI, quizá por su edad, prefirió ser más hogareño que Juan Pablo II, quien no estaba quieto y visitó la friolera de 129 países. Con el pontífice polaco se dieron las más grandes concentraciones humanas de la historia. Baste recordar que en Filipinas, a donde llegó en 1995, se reunieron más de cuatro millones de personas para verlo y oírlo. Bueno, más bien para verlo.

2. Y es que así nos pasó en las dos ocasiones que vino a Monterrey, pues en los días previos a su arribo no se hablaba de otra cosa más del lugar que ocuparíamos para apreciar su figura. Quienes obtuvieron un pase para estar lo más cerca posible del puente, en la primera ocasión, o del templete, en la segunda, presumían su pase como una joya. Lo importante era verlo, no tanto escuchar su mensaje. Por ello, cuando nos dijo aquel 10 de mayo de 1990 que debíamos tratar con justicia a los obreros y sin discriminación a las mujeres, …

3. … a muchos les pasó de largo la arenga papal. Y es que parecía, más bien, un espectáculo teatral, y no tanto una celebración pastoral. Esa fue la crítica que más se repitió en todos los viajes de Juan Pablo II, que desembocaba en las siguientes preguntas: ¿qué sentido tiene provocar tal euforia, si no se desprende de ella una verdadera conversión? ¿De qué sirve tal polvareda si, cuando se acaba el evento se regresa a la misma situación que existía antes de la visita? ¿Son, entonces, inútiles los viajes papales?

4. Si asumimos las críticas anteriores deberemos responder que sí. Además, cuesta mucho dinero trasladar al Papa y a sus acompañantes, montar una infraestructura que permita su lucimiento, sin que ello reditúe ya no en ganancias económicas para el país visitado, sino en mejoras espirituales. Conozco personas que no son practicantes, algunas ni siquiera creyentes, pero que presumieron de estar en el río Santa Catarina en las primeras filas para ver a Juan Pablo II, y hoy siguen sin practicar ni creer. Claro, lo vieron y eso basta.

5. Pero si el viaje de un papa como Francisco a un lugar como Colombia representa la presencia física del pastor que quiere acompañar a un pueblo que todavía no se repone de la tragedia vivida durante décadas, debe ser bienvenido. Además, el Papa argentino no disfruta del carisma que tuvo el polaco, por lo que sus intervenciones se parecen más al conductor espiritual de una grey, que al rock star que llena las primeras planas de los diarios. Habrá que analizar su mensaje a los colombianos, que nos atañe también a los mexicanos.

6. Mientras hacemos ese análisis, sigo soñando con un Papa itinerante, que no solo visite los países del mundo entero sino que resida por temporadas en ellos. Imaginemos a un sucesor de Pedro viviendo cuatro meses en Río de Janeiro, tres en Bombay, que decide pasar la Navidad en Nueva York y la Semana Santa en Monterrey. Roma protestaría por su afectación al turismo religioso, pero todos saldríamos ganando con un Papa más cercano. Claro, al poco tiempo dejaría de ser novedad… y esa también sería una ganancia.

7. Cierre ciclónico. Tenemos tres huracanes en fila, haciendo cola para golpear a nuestro país o a la Florida. Ya devastaron algunas islas del Atlántico. Quienes se oponen a las advertencias de los científicos, que nos alertan por el cambio climático, dirán que esos fenómenos siempre han existido. Sí, pero cada vez son más frecuentes y destructivos. Un dato: entre 1976 y 1985 aparecieron dos huracanes intensos en el norte del Atlántico; entre 1986 y 1995 cinco, 14 de 1996 a 2005, y entre 2006 y 2015 ¡25! ¿No influye el calentamiento global?

papacomeister@gmail.com

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