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Domingo , 23.09.2018 / 08:31 Hoy

Nefelibata

COMODIDAD CÓMPLICE

Flavio Becerra

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Hace unos cuantos sexenios se llevó a cabo una reunión de artistas regionales. El propósito era hablar entre ellos acerca de algunas inconformidades que había con las instancias oficiales, la Dirección Municipal de Cultura y el Icocult (Instituto Coahuilense de Cultura).

Lo que se buscaba era poner sobre la mesa varios malos manejos que de diversas maneras afectaban a los creadores, compartir estas experiencias y tratar de llegar a un acuerdo para actuar en consecuencia.

Una de las posibilidades que se manejaba era hacer público el malestar para con la autoridad mediante una carta abierta publicada en los medios de comunicación.

En algún momento de la reunión, una de las vacas sagradas de la pintura local tomó la palabra y dijo, palabras más palabras menos, lo siguiente: “La verdad es que no hay que quejarnos tanto.

Yo, desde que era niña, siempre he oído a la gente quejarse por todo y de todo. Suben el huevo o la leche y lo que dicen es ‘¿A dónde vamos a parar?’; se enteran de las tranzas de los políticos y dicen lo mismo.

Y la verdad es que esa gente que tanto se queja sigue comprando leche y huevo. El país siempre ha funcionado bien y no hemos ido a parar a ningún lado. “El país siempre ha funcionado bien –continuó en su intervención- y no hemos ido a parar a ningún lado.

Yo, la verdad, estoy convencida de que lo que hay que hacer es que nos dejemos de chismes, dejemos de quejarnos y que cada quien se ponga a trabajar y ya.” El gremio culterano en estos rumbos es especialmente apático en cuanto a las cuestiones sociales, a la organización y a la acción.

Es difícil saber qué tanto influyó aquella vez en los ánimos de los artistas reunidos la intervención de aquella pintora, pero lo cierto es que como en tantas otras ocasiones, el disgusto y las intenciones de organizarse para elevar una protesta formal se diluyó y no hubo nada.

Años después, a partir del sexenio de Calderón y continuando en el de Peña Nieto, la realidad ya nos dio una probada de hasta dónde podemos ir a parar. Y desde luego que la violencia desmedida, con sus miles de desaparecidos y de muertos es una durísima realidad que como país estamos lejos de haber solucionado.

No se trata tampoco de que todas las obras deban ser de un absoluto contenido político nada más porque sí: la historia universal nos ha mostrado que cuando se cae en ese exceso los resultados llegan a ser de una esterilidad desastrosa.

Pero en el caso de los creadores mexicanos, con sus muy debidas excepciones, parece que uno de los mayores y más contundentes logros que ha conseguido eso que llamamos El Sistema, es que tanto el público y los artistas estén convencidos de que su función dentro de la sociedad es nada más producir un arte que decore y divierta, sin que en sus obras y en su accionar asome la más mínima sombra de cuestionamiento crítico.



flaviobecerra@hotmail.com

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