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Martes , 23.10.2018 / 10:07 Hoy

Dobleces

Libre de culpa

Filiberto Gallardo

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En tiempos de Jesús, la lapidación contra los pecadores confesos o presuntos era asunto corriente, así lo narran los evangelios del Nuevo Testamento. Jesús fue testigo de un intento de linchamiento popular contra una mujer acusada de adulterio.

El profeta se interpuso entre la víctima y los victimarios y lanzo al aire una frase, que al paso del tiempo se convertiría en una de las más famosas que le hayan adjudicado: "el que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra". Obviamente nadie lanzó la primera pedrada y así la mujer condenada a muerte salvó su vida.

Esto viene a cuento por el pleito gratuito que compró el obispo de la Diócesis de Toluca, Francisco Javier Chavolla Ramos. Sin medir las consecuencias de su conducta lanzó la primera piedra sin esconder el brazo ejecutor. Su acción fue seguida por unos cuantos de sus fieles seguidores.

Sin embargo, cuando la comunidad lébisco-gay, objeto de su agresión, respondió con la ley en la mano, el agresor cambió rápida y camaleónicamente la túnica del legionario romano y se puso la del mártir cristiano.

El reciente domingo emitió una carta pastoral a la grey de su dominio en la que solicitó a los fieles católicos "dejen que se burlen, sabiendo que nuestra defensa, nuestro amparo y protección, nuestro guía y nuestra luz es Dios".

Palabras que suenan, embozadamente a provocación.

"No importa, agregó el alto prelado, que se burlen de mí y destrocen mi imagen, denigrándome como una persona homofóbica".

Yo no he visto que se burlen de él, ni de su investidura. En cuanto a su imagen, destrozada o no, él mismo se ha encargado de darle golpes contundentes con sus declaraciones homofóbicas".

Esta carta, de aparente concordia, muestra una vez más su lado más oscuro y emboza una amenaza: "el evangelio nos pide anunciarles el Reino de Dios, acercándonos a todos sin miedo a contaminarnos, sobre todo a los pobres, a los enfermos, a los pecadores, comprometiéndonos con ellos y haciéndoles saber que acercándose a Jesús todos podemos ser sanados".

¿A qué tipo de contaminación se refiere Chavolla Ramos? Seguramente ha de pensar que la homosexualidad puede contagiarse como si se tratara de un hongo, de una bacteria o de un virus.

Por si fuera poco, asegura haber mostrado respeto desde el Presidente de México hasta los homosexuales, a quienes "expresé mi amor y respeto" pero "me declaré en contra de todo aquello que pudiera dañar a la familia".

"Hasta a los homosexuales," afirma el cura, como si ellos no merecieran respeto, como si ellos no fueran seres humanos, dignos de ser respetados.

Así, con esas declaraciones, solo aviva el fuego de la intolerancia en contra de un sector de la población.

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