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Elitismo para todos

Viernes en viernes

Fernando Solana Olivares

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Algo irracional de violenta peligrosidad, escribe Elmira Zolla, brota de las enseñanzas religiosas. Como el tiempo mismo en Viernes Santo, que es seco, calcinante, y parece detenido en medio de una fractura por el calor. En los templos será leída la Pasión de Jesucristo según Juan, las imágenes estarán veladas con lienzos morados y la Dolorosa recibirá el duelo de los creyentes por la muerte del derrotado hijo de Dios. Todo será fúnebre y atroz. Dos días después, el domingo de Resurrección, habrá una transformación solar y luminosa. Pero hoy es el oscuro reino del dolor.

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Los poetas se han inconformado por un Cristo lacerado, lacerante, lacerador, cuya matriz arcaica de escarnio y muerte quizá provenga de aquel atávico sentimiento del animal de la manada más expuesto, alcanzado por el depredador y así convertido en sagrado. El Sutta-nipâta budista dice: “Tal como soy yo, así son ellos; como son ellos, así soy yo”. Este acto de identificación total con los otros cristianamente se convierte en sacrificio. Y quedará culturalmente perturbado al añadirse “por los pecados”. Nos recuerda que fuimos nosotros, los hombres, quienes crucificamos a Dios.

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Lo mismo que Akutagawa, en mi juventud yo pensé que uno podría llegar a ser como los dioses. Pero nunca se me hubiera ocurrido crucificar a ninguno. Con el tiempo comprendí que el drama cósmico requería una urdimbre narrativa. Un falso final y una exaltación inesperada que resultará sorprendente. Después supe que fue el budismo el que interrumpió los sacrificios humanos por todas partes donde se expandió. El cristianismo lo hizo en Occidente. Pero en él quedó un fondo de aquella inmolación del animal de la manada tomado por la fiera que salvaba a todos los otros: inmolación y salvación que fueron trasladadas a la relación con los dioses. Por eso los matamos, para repetir un orden primordial.

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Aunque el Calendario del más antiguo Galván publicado desde 1826 advierte lluvias, este viernes aquí en Rulfiana el sol caerá a plomo, lo mismo que en la cima de Iztapalapa o en el Gólgota, donde el astro despiadado será un taladro, una luz calcinante, un reclamo al cielo, un agujero de gusano, una muerte-transfiguración. La cruz simboliza la obligación olvidada de los seres humanos con el mundo y sus creaturas: la mediación con todo lo que existe, el uso de la conciencia y el lenguaje para nombrarlo y protegerlo. Cristo queda crucificado en la cruz como divino recordatorio de un olvido humano, una desviación conceptual o una mala interpretación. Por ejemplo, creernos dueños de la creación. Creer que la creación es materia inanimada, no sintiente, escriturada por Jehová como si fuera nuestra nuda propiedad.

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La etimología de la palabra religión contiene varias acepciones, además de la habitual: re-ligar, re-elegir, re-leer. El último libro del filósofo heideggeriano Byung-Chul Han es sobre una religión atea: el budismo zen, que no postula deidad alguna sino un camino de transformación personal en el que se busca alcanzar el satori o iluminación de la conciencia. Son las formas para cabalgar el tigre de la época, los religamientos con el mundo y la existencia completamente empíricos, experienciales, actos que no requieren intermediario alguno salvo solamente contestar una pregunta: el drama religioso, ¿es un dato histórico de la conciencia humana o es un elemento estructural de ella? ¿Es la construcción intelectual de la historia de la idea de Dios, o el campo semántico inagotable que llamamos Dios es lo que impulsa en nosotros sus teodiceas, las tantas formas humanas de narrar su aparición, contar el origen del universo?

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El teatro cósmico de los viernes santos despliega su escenario a la manera de un telón que todo lo imantará por unas horas. Aun quienes no lo atiendan serán influidos por él. Como si fuera un énfasis que tiene que ver con todos porque es una tortura representada, el culto de la sangre redentora, los sufrimientos cual un tributo sacrificial a Dios. A las tres de la tarde quedará abierto el agujero de gusano que la deidad transitará. La dialéctica sagrada brotará el domingo después de la luna llena del sábado. Entonces la cruz será un signo no de dolor y violencia sino de religamiento, de mediación.

fmsolana@yahoo.com.mx

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