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Martes , 18.09.2018 / 15:30 Hoy

Elitismo para todos

Precipitación de la fuga

Fernando Solana Olivares

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La sucinta historia, contada en sus propios términos, es la siguiente: corría el año de 1993 cuando su denuncia sin concesiones de la parálisis intelectual, "administrativamente concertada", de la supuesta transición democrática española, y su cuestionamiento sin fisuras al nacionalcatolicismo español y el colonialismo imperial derivado de aquél, lo obligaron a abandonar Madrid definitivamente. La censura y la vulgaridad le cerraron las últimas puertas. En Princeton, Nueva Jersey, comenzó una nueva etapa: la de un intelectual español habitante de "un intangible exilio" que ejercía de insólito u obsoleto hispanista.

Sus flamantes señas de identidad fueron enunciadas en una conferencia inaugural, Spanish Quartet, con la que celebró su ingreso por la puerta grande de la Academia estadunidense a través de algunos puntos para él esenciales: el análisis esclarecido del colonialismo, el cuestionamiento de la ausencia de reformas filosóficas y religiosas modernas en las culturas hispánicas, la restauración de una tradición literaria e intelectual desechada por el tradicionalismo conservador del pasado y por el de izquierda del presente, la revisión estética del proyecto artístico de las vanguardias.

Tal proyecto académico e intelectual incluía, en suma, una reforma y una reconstrucción de las memorias iberoamericanas, un humanismo filosófico y estético inquebrantable y una lúcida teoría crítica del tiempo actual. Diez años después de su radiante y promisorio arribo, Eduardo Subirats constató que era tan imposible desarrollar dicho proyecto en las universidades de Princeton o Nueva York como lo había sido en la de Madrid.

Así, tuvo que escapar por la escalera de incendios de la academia y un libro de excepción recoge aquel zapato que dejó olvidado en la precipitación de la fuga: tesis, manifiestos y ensayos disolventes, heterodoxos, llenos de humor e ironía, es decir, de inteligencia triste, crónicas de un espíritu libre sobre un mundo universitario carente de alma y osadía, incapaz de voluntad de diálogo ante el conocimiento abierto y desprovisto de un verdadero interés intelectual y académico para comprender y transformar la oscura realidad de nuestros días. Carente, en suma, de aquello múltiple y libre que hasta hace no mucho fue la razón civilizacional y representó la naturaleza cultural profunda de la universidad occidental.

Las poéticas colonizadas de América Latina (Universidad de Guanajuato, México, 2009) aborda específicamente la demolición universitaria de las humanidades, la cultura de simulacros y los fraudes intelectuales administrativamente sancionados, el amargo aunque zumbón, necesario y curativo relato sobre la "falta de espíritu de la universidad el día de hoy" referida por Klaus Heinrich, sobre el estado de "profesionalizada imbecilidad" (Profesionalization as the decline of the domain of the intellect) mencionado por Thomas Bender en su análisis de la crisis de los valores intelectuales de la universidad estadunidense, la cual, siendo un modelo hegemónico, afecta, subordina e impronta a todo el sistema mundo contemporáneo. Y también pone en curso algunas características del Fachidiot, esos especialistas académicos mentecatos que con tal epíteto fueron repudiados por los estudiantes universitarios berlineses en 1968.

La ausencia de un proyecto ante los graves dilemas del siglo actual, o cuando menos de una cierta sensibilidad o un mínimo interés cognitivo, han puesto a las humanidades en el sistema académico global frente a un límite, afirma Subirats. Después de la destrucción de los precarios espacios de reflexión debida al "ambiguo slogan" posmoderno del final de las grandes narrativas, de los sistemas de pensamiento integrales, se dejó intacta la razón instrumental a cambio de desmantelar las tradiciones críticas del siglo XX. Ahora "se diluye programadamente cualquier reflexión civilizatoria, cualquier referencia a la realidad ecológica y política global, cualquier proyecto intelectual".

Cuando los humanistas terminales no saben nada porque no tienen que saberlo, lo que necesitan es asegurar la reproducción del sistema y evitar que se note que el emperador va desnudo. Cuando sucede la bagatelización del pensamiento, el desmantelamiento del canon, la eliminación de la conciencia intelectual. ¿Conclusión? Restablecer la memoria, el valor humano de las palabras, la vida dañada. O la dignidad incólume de salir por la puerta de emergencia. O Eduardo Subirats.


fmsolana@yahoo.com.mx

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