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Martes , 19.06.2018 / 15:28 Hoy

Elitismo para todos

Las instituciones venales

Fernando Solana Olivares

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Además de estúpidas. Un desplegado de la Asociación Prodefensa de la Medicina y Cultura Indígena (Apromeci), dirigido a Enrique Peña Nieto (Proceso, 29/V/16), reclama que su gobierno, al tiempo que pretende legalizar el uso farmacológico y terapéutico de la mariguana, prepara la publicación de un Acuerdo de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, órgano dependiente de la Secretaría de Salud, mediante el cual quedarían prohibidas más de 200 plantas que han sido parte ancestral de la medicina tradicional y de la cultura indígena: cola de caballo, hierba del sapo, equinácea, pasiflora, boldo, tila, fenogreco, valeriana, árnica, ajenjo, anís estrella y muchas otras que la protesta de la Apromeci no menciona.

Las autoridades sanitarias no cuentan, según ellas mismas han manifestado en diversas ocasiones a los quejosos, con personal certificado o especializado en materia de herbolaria, porque de contar con él seguramente no podrían atreverse al despropósito de su prohibición. Su tentativa infundada y unilateral —anticientífica, en una palabra— obedece no solo al cretinismo burocrático sino sobre todo a los intereses de la industria farmacéutica, la cual, en su insaciable voracidad capitalista, pretende ahora capturar aquellos segmentos curativos y terapéuticos que no están aún bajo su dominio hegemónico.

Lo anterior no es tanto por lo que representan comercialmente ahora sino, sin duda, por el potencial que contienen, pero sobre todo porque la confiscación de las plantas y su privatización forman parte de la doctrina del shock económico neoliberal cuya agenda ha diseñado múltiples lógicas de intervención del capitalismo financiero global dominado por la ansiosa compulsión del cortoplacismo y la patológica usura de la máxima rentabilidad. Para ello utiliza a las instituciones gubernamentales encargadas de las desregulaciones (o de las sobrerregulaciones) legales que favorecen los intereses de las entidades supranacionales, instituciones responsables también de los desmantelamientos y despojos civilizacionales perpetrados en las privatizaciones, así como de la disminución del gasto público sobre obligaciones sociales antes sustantivas de los Estados nacionales.

Algo parecido a lo que ahora intenta lograrse contra las plantas medicinales ocurrió con el cannabis cuando, a principios de 1930, Harry J. Anslinger, comisario de narcóticos estadunidense de entonces, produjo una histeria pública contra esa sustancia. Terence McKenna señala que Anslinger pudo haber actuado al servicio de las compañías químicas y petroquímicas interesadas en eliminar el cáñamo como competidor en las áreas de lubricantes, comida, plásticos y fibras. Auxiliado por la prensa amarillista, Anslinger logró caracterizar el cannabis, llamado insistentemente "marijuana", para vincularlo a un subproletariado moreno y latino del que había que desconfiar, como "la hierba de la muerte". La ciencia nunca detalló sus objeciones al uso de esa sustancia. Y una vez más los fondos gubernamentales para la investigación hicieron cierto aquello de que "el César solo debe oír lo que place al César". O el capital lo que place al capital.

Así avanza entre nosotros esta política orwelliana del pensamiento único y el saber confiscado que ha logrado ocultar o pervertir amplias zonas de la realidad, entre otras las del reino vegetal y su alianza cognitiva con la especie humana. Entonces la burocracia corrupta decide súbitamente que las plantas milenarias de la farmacopea son un riesgo para la salud del cual ella nos debe proteger. De la heroica guerra contra las drogas al intrépido combate contra la herbolaria indígena.

Su irracionalidad reside en el hecho de ser producto de una voluntad particular, la del capitalismo y sus intereses, y no de una voluntad general, mancomunada, libre y consciente de sí misma. La monocultura del saber impuesta por el neoliberalismo terminal cancela la ecología de saberes múltiples propia de lo humano, las plantas medicinales entre ellos. Y los recortes de realidad que produce, recortes del pensamiento, deben ser aceptados.

A ver quién diablos les hace caso. Cada vez más se vuelve demasiado. Habrá un día cuando los durmientes mexicanos despertemos contra este sistema político autista, contrario al interés colectivo, al bien común. Entre tanto surgen nuevos negocios para los emprendedores: la prima de riesgo de la prohibición: "¿Tiene anís estrella? ¿A cómo el carrujo?".

fmsolana@yahoo.com.mx

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