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Viernes , 14.12.2018 / 13:55 Hoy

Elitismo para todos

Indeterminaciones y certezas

Fernando Solana Olivares

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Las cosas han llegado a tal punto en el país que solo un cambio que lo sacuda, lo con-mueva, así sea tan incierto como se presenta ahora, puede sacarlo de esta espiral creciente de violencia y crimen, cuyas cifras son las de una guerra.

Ellas retratan, con precisión lamentable, el fracaso radical del PRIAN y sus satélites.

La corrupción extrema, la impunidad vitalicia y el uso patrimonial del poder agobian a la nación. La casta política cleptocrática, las élites financieras y económicas son maharajás que se pudren encima de todos los demás, de aquellos que se llaman mayorías.

Y las mayorías están muy encabronadas. Una enorme concentración de odio social provocado por la conducta de las élites es parte de la ecuación en juego. Ha barrido clases políticas en el mundo y ha llevado inesperados personajes a los gobiernos. Algunos de derecha y protofascistas. El delirante Trump, entre ellos.

A diferencia de esos países, en México la irritación pública por fin parece dispuesta, después de dos intentos fallidos, a conceder a la izquierda la posibilidad de gobernar el país y ser mayoría en diversas cámaras.

Hay paradojas que quizá expliquen una parte del fenómeno. El tejido de alianzas y reclutamientos de Morena se amplió al punto de olvidar principios y abandonar agendas minoritarias pero muy representativas, derechos de alcance colectivo aunque poco rentables políticamente.

Esta violación de principios, de identidades de origen, para muchos que tienen razón significa una “anulación de la coherencia”. La infame política, ese terco arte de lo posible, ha obligado a un pragmatismo cuyos costos pueden ser altos. Y, sin embargo, no habría otra manera de llegar al poder. ¿Serán males menores para alcanzar bienes superiores? Todo enigma consiste en algo que se debe descifrar.

López Obrador concentra un carisma que lo mismo tiene una extendida aceptación que una poderosa identidad negativa. En muchos provoca eso que Hegel definía como una fascinación por adversidad. Con ella se hace la guerra sucia dirigida a despertar emociones primarias, miedos inducidos, extrapolaciones, falsos comparativos, afirmaciones sin ningún fundamento. Los miedos de las élites a un cambio que modifique o reduzca sus rapaces privilegios se han traducido en mentiras mediáticas repetidas obsesivamente hasta hacerse para muchos verdad.

Ese odio, producto del miedo, también tiene que ver con razones de clase, racismos profundos que cruzan transversalmente a la sociedad mexicana, rechazos al personaje por no corresponder a los estereotipos tecnocráticos, y ha dado lugar a la fractura social, a los rabiosos desgarramientos que hoy ocurren en las redes entre partidarios y adversarios de López Obrador.

El arco de este sentimiento negativo alcanza desde la fina pero parcial ironía poética de Gabriel Zaid (“AMLO poeta”) a partir de los epítetos del tabasqueño y su proclividad lírica, hasta el excrementicio mensaje en la red de Ricardo Alemán con una convocatoria casi directa a su asesinato.

No ha habido en la historia moderna del país un candidato tan difamado y combatido como López Obrador. Ocurrió entonces que lo que resiste apoya: tantos ataques concertados de la derecha y la casta política tan desacreditadas, tantos medios que lo han perseguido acaban formando parte del gran capital político que perseverantemente ha venido acumulando y le ha sido concedido por amplias mayorías.

De ser electo, la prueba más difícil comenzará al día siguiente. Un escenario inédito cuya conmoción —esa es la apuesta curativa— cimbre al país y lo saque de la descomposición patológica que lo aqueja y lo comience a sanar, así sea con inesperadas medicinas. Sin embargo, el mejor candidato a la Presidencia lo es por ser el menos peor. Sufre contradicciones y tiene defectos, junto con obvias limitaciones, pero sus virtudes le han dado la vuelta a la rueda y se vuelven suficientes para sobreponerse a sus fallas. El candidato más viejo es el mejor, entre otras razones por eso, su edad. Los imaginarios colectivos son grandes y muy complejos.

Indeterminaciones: muchas fuerzas se moverán este domingo y las consecuencias, como siempre, son desconocidas. Vendrán con los días. Certezas: pagaré por ver, votaré por Andrés Manuel López Obrador y por Pedro Kumamoto. Por un político de antes que puede actuar ahora, y por un joven y fresco político emergente que representa lo único realmente nuevo de la escena mexicana. Creo que es la hora.

fmsolana@yahoo.com.mx

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