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Miércoles , 12.12.2018 / 18:22 Hoy

Elitismo para todos

Encuentros con el zen

Fernando Solana Olivares

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Los sabios dicen que ha de caminarse mucho para descubrir que los remedios están en casa.

Esa es la forma abreviada de aquel cuento jasídico que se conoce como paradoja de la proximidad: un soñante sueña que en el puente de acceso al castillo del rey de una ciudad lejana encontrará un tesoro. Hace grandes esfuerzos para alcanzarlo. El capitán de la guardia lo increpa viéndolo vagabundear por ahí, y al escuchar su historia acaba confesándole, llamándolo iluso, su propio sueño: el tesoro que está debajo de una baldosa en un patio cuya descripción es idéntica al patio de la casa del soñante. Este le da las gracias, regresa a ella, lo busca donde dijo el otro y lo encuentra.

Por tales razones uno puede encontrarse un libro revelador en la pequeña y única tienda de periódicos del pueblo, que reúne conferencias de un importante estudioso, practicante y divulgador del pensamiento oriental, Alan Watts: ¿Qué es el zen?, perdido y semioculto entre TV Notas, Hola y Vanidades.

Dicho encuentro suele ocurrir cíclicamente. Cada tanto, el zen se presenta así en la vida de quien esto escribe, de forma inesperada, de manera zen. Y el zen, dice Watts, es un método para volver a descubrir la experiencia de estar con vida.

El pequeño volumen agrupa las últimas conferencias que Watts dio a un grupo de estudiantes en seminarios de fin de semana impartidos en su casa flotante, la barca SS Vallejo, fondeada en Sausalito: el zen es como el agua, el roshi vivía sobre ella.

Sin ningún lenguaje discursivo, tan lacónico y directo como su mismo objeto de conocimiento, el libro de Watts es un diálogo (sanzen) sobre la sabiduría que la práctica del zen propone alcanzar mediante una forma de liberación que tiene características básicas (compartidas por otras disciplinas espirituales): un despertar a la unidad o esencia de la vida y una interiorización espiritual del campo semántico inagotable que llamamos Dios, dejando de considerarlo externo a la conciencia.

¿Liberación de qué? De un sentimiento profundo de separación con las cosas, las gentes, con nosotros mismos. Para el zen la mente humana no es una entidad separada que observa el proceso de la vida desde afuera, sino que está involucrada porque forma parte integral de él. El conflicto que esta mente racional establece con el fluir de la vida, una entidad separada que cree que debe dominar y conquistar, solo es una desdichada ilusión creada por ella misma.

Esta ilusión, dice el roshi zen Watts, surge debido a que la mente es parte de este patrón que fluye, pero como tiene la capacidad de representar estados anteriores de ese patrón a través de la memoria cree que es sólido, fijo, permanente.

El zen afirma que uno no puede ser consciente de la estructura básica del mundo porque es parte de ella, así como el pez tampoco lo es del agua en la que vive. De ahí desprende ese dejar de aferrarse a uno mismo que caracteriza al zen…

Sus caminos son dos.

fmsolana@yahoo.com.mx


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