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Miércoles , 20.06.2018 / 22:01 Hoy

‘Jingles’ políticos y desatino de Meade

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El jingle “Movimiento naranja” se convirtió en el primero que llama la atención en la actual temporada electoral. Interpretado por un niño huichol, ese jingle cumplió ya con dos de los cuatro objetivos que debe conseguir un mensaje publicitario (o propagandístico): producir atención e interés al grado de ser memorizado y repetido por muchas personas; quizá, incluso, permanecerá varios años en el recuerdo colectivo, pero aún está por verse si genera simpatía por el partido que lo lanzó a los medios y más aún si hace votar a muchas personas por esa opción. Hay jingles políticos que fueron exitosos en términos de recordación, aunque formaron parte de campañas perdedoras.

Publicidad y propaganda

De origen publicitario, el jingle, o “spot cantado”, tiene una larga trayectoria en nuestro país. En la radio mexicana hubo “comerciales cantados” desde finales de la década de 1920 y principios de la siguiente, pero duraban cinco o seis minutos; el jingle “ortodoxo” —texto breve (10 o 12 sílabas), sencillo, directo, fácil de memorizar y “montado” en una tonada “pegajosa”— se desarrolló en la publicidad mexicana hasta la década de 1940. Muchos fueron tan buenos que su recuerdo pasó de generación en generación debido al “reciclamiento” que hicieron de ellos, en diferentes décadas, las marcas que los usaron en su publicidad.

Cuando los partidos comenzaron a contratar publicistas para apoyar las campañas electorales, éstos llevaron al terreno político todo su bagaje teórico y práctico, incluida la idea de que los candidatos son mercancía que los electores “compran” y la mejor forma de venderla es el traslado de las técnicas publicitarias a la propaganda.

Frases y lemas

El primer jingle político que recuerdo fue: “De frente De la Madrid para presidente”, que saturó la radio y la tv en 1982. Antes los partidos dotaban a sus candidatos de un lema y buscaban que éste se grabara en la memoria colectiva mediante su reproducción en bardas, mantas, pancartas y medios impresos. Por ejemplo: “Arriba y adelante”, de Luis Echeverría, y “La solución somos todos”, de José López Portillo.

En 1994 seguramente hubo jingles políticos durante las campañas electorales, pero no recuerdo ninguno. El boom de estos mensajes inició en 1999 durante la campaña para gobernador en el Estado de México, pero principalmente en la presidencial de 2000, donde se dio la tríada de jingles que casi dos décadas después aún recordamos.

Ritmazo político

Juan Gabriel compuso para el PRI: Ni Temo, ni Chente/Francisco va a ser el presidente/ni el PRD ni el PAN/ ni el PRD ni el PAN/ el PRI es el que va a ganar… El PRD contestó con un jingle “rapeado” hecho por el grupo Juguete Rabioso: Primero nos dicen que todo está bien/después no tenemos ni para comer/¡Cuauhtémoc!/la calle dice/¡Cuauhtémoc!/en el monte se oye/ ¡Cuauhtémoc!/la raza vota/¡Cuauhtémoc!/¡Mexicano! El PAN lanzó la frase ¡México ya! repetida doce veces montada en una melodía.

Hoy tenemos jingles de todo tipo: para elecciones nacionales o locales; en cualquier género musical; originales o pirateados (los primeros hechos específicamente para un candidato o un partido y los segundos montados en piezas musicales que han sido hits); jingles “prefabricados” (las empresas productoras de spots ofrecen jingles ya armados a los que nada más hay que ponerles el nombre del candidato que lo contrate, al fin que todos ofrecen lo mismo). Los jingles, obviamente, no hacen que un partido o un candidato gane elecciones. Y menos las de 2018, en las cuales el voto se basará en odios, antipatías, simpatías, clientelismo y hartazgo; serán pocos los que voten por convicciones “ideológicas” o preferencias musicales.

Microonda

El candidato del PRI, José Antonio Meade, hizo burla de Andrés Manuel López Obrador porque, dijo, el candidato de Morena a la Presidencia de la República, se tardó más de 10 años en obtener su licenciatura en la UNAM. Meade debió ser justo y recordar que él trabajó para otro “fósil académico”: Vicente Fox, en cuyo gobierno se desempeñó como director de Financiera Rural nombrado por el Ejecutivo Federal. Fox superó con creces a AMLO: obtuvo el título de licenciado en Administración de Empresas por la Universidad Iberoamericana en marzo de 1999, ¡35 años después de que egresó de esa carrera!

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