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Domingo , 16.12.2018 / 04:49 Hoy

Cambio de frecuencia

‘Fiestones’ de la selección y prensa moralista

Fernando Mejía Barquera

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A estas alturas no debería ser noticia que jugadores de la selección mexicana organicen “fiestones” en la víspera o después de algún partido o torneo internacional; esas reuniones han existido siempre en nuestro balompié, solo que antes pasaban desapercibidas o no eran tratadas por la prensa con los parámetros moralistas y proclives al escándalo que prevalecen hoy en ciertos medios, a los cuales husmear en la vida privada de los jugadores les parece “periodístico”.

Trompo Carreño

Las primeras juergas organizadas por integrantes de la selección mexicana datan de 1928 y tuvieron como cabecilla al legendario jugador del Atlante, Juan Trompo Carreño. En 1961, el periodista Leopoldo Meraz publicó en la revista México Futbol (año II, número XXV), que él dirigía, un número especial, llamado Historia del Futbol Mexicano, en donde incluyó, bajo el nombre genérico de “Los dandys mexicanos en las ‘Uropas’”, dos textos que narran las aventuras nocturnas de los seleccionados nacionales en la gira que hicieron por varios países europeos tras concluir su participación en los Juegos Olímpicos de 1928, en Amsterdam, donde fueron eliminados por España 7-1: “¡Cabaretearon… y no invitaron…!” e “Iohanna, la chamacona de los mexicanos”. Cito un párrafo de Meraz:

“(En París) visitaron la tumba del general Porfirio Díaz, ex Presidente de la República. Claro, sin faltar la vida nocturna. Follies Bergere, los teatros y cabarets de Monmartre, Monserraset, La Bola Negra, La Rata Muerta, los del barrio de La Bastilla, fueron visitados por la muchachada mexicana dedicada a divertirse a su gusto entre francesitas de rubios cabellos. ¡Y como eran unas fichitas…!”

Reportero cor

Meraz, quien se hacía llamar El Reportero Cor, se especializó en deportes y espectáculos, dirigió en la década de 1960 la revista Balón y publicó en diversos periódicos la columna “El fabricante de estrellas”, dedicada a la farándula.

También dirigió una revista maravillosa: Azul Grana: nuestro Atlante y el futbol en cuyo número 13 (20 de febrero de 1966) escribió el texto “Vida romana” donde relató el recorrido erótico-alcohólico de los jugadores de la selección mexicana —en especial del Trompo Carreño— cuando, en 1934, acudieron a la capital italiana para jugar contra Estados Unidos el partido decisivo para acceder al campeonato mundial de ese año (México perdió 4-2 y quedó fuera del torneo).

Par de cervezas

Otro episodio relacionado con fiestas y juergas dentro de la selección mexicana fue protagonizado poco antes del Mundial de 1970 por Ernesto Tetos Cisneros, del Atlante, y Gabriel Núñez, a quien algunos llamaban El Fierros, del América. En marzo de ese año, el técnico de la selección, Raúl Cárdenas, decidió trasladarse con sus jugadores a Acapulco para que tomaran seis días de vacaciones y se “desintoxicaran de futbol”. En el puerto podrían acudir a alguna fiesta, desvelarse y beber unas copas, todo ello “con moderación”. También podrían acudir a los lugares que desearan; la única exigencia era presentarse al hotel donde se alojaba el equipo antes de las 23 horas.

El 25 de marzo, la Federación Mexicana de Futbol anunció, mediante un boletín de prensa, la expulsión de los dos jugadores porque “Núñez llegó a las seis de la mañana y Cisneros no llegó”. Ambos reconocieron haber salido a beber “un par de cervezas” y El Tetos se defendió: “Llegué tarde, pero sí llegué”. Los dos hicieron mucha falta en el mundial México 70.

Fotos a traición

Los periodistas de antaño registraban informativamente las juergas de los futbolistas mexicanos y algunos, como Leopoldo Meraz, las usaban, para escribir sabrosas crónicas. No había en sus textos el tufo moralista y regañón que hoy prevalece en algunos medios; y tampoco el afán de “construir” la gran “exclusiva” a partir de imágenes tomadas a traición por algún fotógrafo, como hizo el periódico Récord cuando, en 2010, publicó la imagen de Cuauhtémoc Blanco con un cigarro en la mano poco antes de que iniciara el Mundial de Sudáfrica, o como la revista Tv y Novelas la semana pasada.

Lo ideal, por supuesto, sería que los jugadores de la selección hicieran de su vida un papalote y luego ganaran los partidos. El problema es que frecuentemente sucede lo contrario. Y no necesariamente por culpa de las juergas o los fiestones.

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