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Domingo , 27.05.2018 / 05:32 Hoy

Cambio de frecuencia

Ayotzinapa: ¿"tomar" emisoras o ejercer derechos?

Fernando Mejía Barquera

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Érika Flores, reportera de MILENIO, publicó el domingo 19 de octubre una crónica cuyo contenido es relevante en los días que corren. Se refiere a la jornada de protestas que los normalistas de Ayotzinapa realizaron el día 18 en Chilpancingo y que incluyó la difusión de mensajes a través de dos emisoras que operan en la capital de Guerrero: Capital Máxima —perteneciente al Grupo Mac, que transmite en “combo” AM (650 KHhz) y FM (97.1 MHz)— y Radio ABC —otro “combo”, 1050 en AM y 105.1 en FM, adscrita al Grupo Tepeyac—.

Protocolo de respuesta

“Interrumpimos nuestra transmisión —sonó la voz del locutor de Capital Máxima, Carlos Leyva, según narra la crónica— para escuchar a los jóvenes de la Normal Rural de Ayotzinapa que se encuentran con nosotros para emitir su mensaje. Adelante muchachos”. (http://www.milenio.com/politica/protocolo-recibir-normalistas-radiodifusoras-Chilpancingo-protesta-manifestantes_0_393560654.html). Leyva comentó a la reportera que permitir el acceso de los normalistas a la emisora, presentarlos, esperar a que terminen su mensaje y acompañarlos a la salida de la emisora es parte de un “protocolo de respuesta”, diseñado por la empresa, para el caso de que un movimiento social se acerque a la estación con el fin de solicitar “tiempo al aire”. Se entiende, por supuesto, que el acceso debe ser negociado, sin actos de violencia para ejercer presión.

“Llegaron poco antes de mediodía —relató el locutor a Erika—, tocaron la puerta, que, como puedes ver, está asegurada con una reja metálica extra, y les permitimos el paso. Tenemos instrucciones de recibirlos e inmediatamente darles las facilidades para que hablen de manera pacífica”.

Nueva relación

La actitud de Capital Radio en Chilpancingo —al igual que la de TV UNAM, donde, el 23 de octubre, luego de negociar con los responsables de la emisora, aparecieron a cuadro, durante 15 minutos, dos estudiantes normalistas para emitir un mensaje— tendrían que servir como ejemplo de lo que debería ser una nueva relación entre los movimientos sociales y los medios electrónicos, vínculo en el cual ha prevalecido el radicalismo de ambas partes durante los momentos candentes de algunas coyunturas políticas.

Desde los movimientos sociales se ha acusado a los medios de “cerrazón” —lo cual en ciertos momentos fue cierto— y desde los medios suele pensarse que quienes se movilizan por una demanda laboral, social o política ejercen inevitablemente la violencia y amenazan a los medios con tomarlos por la fuerza para transmitir sus mensajes. Hace ya tiempo que un medio no ha sido tomado a la fuerza, aunque sí ha sucedido.

Visión limitada

Mantener tales posturas no ayuda a la solución de problemas en el país. Del lado de los movimientos se olvida con frecuencia que los medios son entidades complejas: no todos los empresarios o directores de medios piensan igual, tampoco hay uniformidad entre los periodistas, las “consignas desde arriba” —en el caso de que existan— enfrentan una resistencia cada vez mayor por parte de periodistas profesionales (es decir, con capacidad técnica y convicción ética para ejercer el oficio) y el cuestionamiento de sectores de la sociedad cuyas críticas y exigencias con relación a los medios van igualmente en ascenso. Por lo tanto, “acusar” de “cerrazón” a todos los medios, sin matices, resulta anacrónico.

En la contraparte hay también una visión limitada de los problemas nacionales; de ahí la postura que ve en los movimientos sociales una amenaza y exige la protección, por parte de la fuerza pública, de los inmuebles en que se alojan emisoras de radio y tv porque son “instalaciones estratégicas”.

Sin filtro

“Radio y televisión utilizan un bien de la nación: el espectro radioeléctrico, que es propiedad de la nación”, dice la vieja consigna que no por antigua es falsa. Los recursos de la nación deben ser usados en beneficio de todos los mexicanos. El acceso de movimientos sociales a los medios es un derecho que debe ser ejercido como se ejerce cualquier otro: de manera pacífica. Pretender ejercer un derecho obligando a la contraparte a “concederlo” desautoriza ética y jurídicamente a quien actúa así. Pero no reconocer tal derecho a quien lo solicita de manera pacífica también habla mal del medio que lo niega.

En La estrategia de la ilusión, Umberto Eco escribió: “El público espera que la televisión cumpla con su deber: a) diciendo la verdad; b) diciéndola según unos criterios de importancia y de proporción; c) separando la información de los comentarios”. Quizá no pase mucho tiempo para que “el público” también demande conocer la versión de los movimientos sociales tal cual, en voz de los protagonistas, sin el filtro y la interpretación que necesariamente aporta el periodismo en cualquiera de sus géneros.

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