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Vivir dentro de una utopía (1)

Fernando Fabio Sánchez

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Las fiestas de diciembre concluyeron el 6 de enero, que cayó en domingo y, de inmediato, el lunes fue el regreso a clases. 

Por la mañana, mientras en el fondo se elevaba un amanecer escarlata, la ciudad se llenó de coches. Los pájaros asimismo parecían despertar, y escuadrones de ellos cruzaban el cielo bajo, empezando una nueva migración. 


En el parque Bosque Venustiano Carranza, los pájaros armaban un alboroto majadero, y parecía que cientos de ellos seguían despertando y se preparaban para emprender el viaje, al tiempo que el sol se filtraba por la copa de los árboles y descubrían la leve humedad de un cálido invierno. 

Mientras tanto, los corredores recobraban su rutina, quizá con un poco de sobrepeso, y comenzaban su preparación para el medio o el entero maratón de este año; y las señoras y algunas señoritas, con un séquito de admiradores alrededor, se entregaban a la coreografía del zumba, siguiendo los pasos de floridos y ágiles instructores. 


Dice un personaje de la novela “Respiración artificial” de Ricardo Piglia que aquellos que se exilian son por lo general los sujetos de la utopía; es decir, que aquellos que se han ido de su país son los que sueñan su patria como un ideal siempre acercándose a la plenitud. 

En Estados Unidos, hay ciudades enteras que imaginan a México como su más grande tesoro, y lo reconstruyen allá con las manos de su nostalgia. 

Muchos podemos llegar a poseer los objetos de la nación entrañada, pero quedamos exentos de la experiencia del transcurrir del tiempo allí en el terruño, donde alguna vez latió ingenuo nuestro corazón. 


He pasado las primeras semanas de enero en Torreón, Coahuila. Es la segunda vez que me sucede esto desde hace más de dos décadas, cuando empezó mi autoexilio en los EU. 

Por cumplir con los calendarios escolares, he tenido que salir apenas tocaba la campana el año nuevo. Pero hoy recibí la oportunidad de vivir en mi paraíso de la memoria, y experimentar las madrugadas y el cambio de la luz, cuando los días se van volviendo más largos, y vivir el día, hasta reencontrar el tráfico de la tarde, al regresar a casa….

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