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Miércoles , 26.09.2018 / 07:03 Hoy

Vamos por el 2018

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Hagamos un breve recuento de lo que todavía tenemos y lo que fue posible disfrutar en el 2017. Al ser una persona bi cultural y pasar temporadas tanto en México como en los Estados Unidos, contrasto —como un ejercicio educativo— la realidad de los dos países.

Al vivir y trabajar en la costa central de California, debo admitir que, además del buen clima y la belleza natural, las personas son lo mejor del área. Son amables, saludan por la mañana y por la tarde. Hablan brevemente de sí y se muestran interesados por lo que uno dice. Cuando Donald Trump asumió la presidencia, comprobé que una gran parte de los estadounidenses cree en valores democráticos sólidos; esta población incluye —sobre todo— a los más jóvenes. Podría afirmar que, en este momento, lo mejor de los EU es su gente.

Digo lo mismo de mis compatriotas mexicanos. Quizá una diferencia es que nos vemos más alejados de la posibilidad de influir en las decisiones de nuestro gobierno y que estamos huérfanos ante la falta de líderes políticos confiables.

Necesitamos recrear una educación que nos acerque con más fuerza y efectividad al rompimiento de la inercia del poder y recordar nuestra raigambre revolucionaria.

Los mexicanos en México gozamos todavía de la cohesión familiar, el potencial acceso a una alimentación sacada directamente de la tierra (verduras, frutas, etc., lo que en EU es ya un privilegio) y de eso que podemos identificar como “felicidad”. Éste es una especie de milagro que logramos por la magia (o sentencia) de la idiosincrasia, pero que está bajo la amenaza directa del alza de precios, la ignorancia, la enfermedad, la corrupción y la indiferencia. No sé hasta cuándo vamos a ser capaces de sostener nuestro mínimo estilo de vida. Sospecho que un día México será tan caro como los EU, si no es que ya lo es.

En resumen, de México me asombra la presencia de la “alta cultura” en los espacios públicos y la memoria de los viejos que se halla al escuchar a estos testigos del triunfo y del fracaso. De mi país adoptivo aprecio su llegar a darse cuenta, su “reciente” enamoramiento de la otredad (que son ahora ellos —nosotros— mismos). Vamos, entonces, colegas por el 2018. Hay tantas cosas que debemos defender.


Twitter@fernofabio

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