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Lunes , 20.08.2018 / 00:57 Hoy

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Una batalla en el terruño

Fernando Fabio Sánchez

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A la batalla de todos los días la afecta las decisiones que se imponen en lo alto del poder; no obstante, es una batalla que se debe ganar en el terruño.

He pasado los últimos meses en Torreón, Coahuila, y la economía allí está deprimida, aunque por alguna razón la gente gasta y se escapa con felicidad a Mazatlán, Sinaloa, a pasarse unos días. A veces pienso que es una burbuja, que ese sentido de bienestar es una ilusión y que reventará tarde que temprano.

Pero, ¿no ha ocurrido lo mismo en el México de las últimas décadas? Vivimos como en la canción de los elefantes, y como vemos que la telaraña resiste, le llamamos a otro paquidermo.

En Torreón los sueldos son malos, aunque no escucho que la gente lo ande pregonando. Allí se habla con cierta admiración de otras ciudades, entre ellas Aguascalientes, Aguascalientes. Es famosa por sus textiles, y la gente viaja a comprar suéteres y otras prendas, para revenderlos después.

Pasé parte del fin de semana en ese lugar de arquitectura exquisita. De lo primero que escuché, para mi sorpresa, fue que los sueldos eran muy bajos. Caminé por las calles del centro —de día y de noche— y cuando tuve que abordar un taxi para ir al Teatro Aguascalientes donde mi amigo de toda la vida, Sergio Vázquez —quien también es de Torreón—, haría su debut como director con la Orquesta Sinfónica del Estado, oí el relato de un conductor, el cual representó un resumen de la información que ya había recibido.Aguascalientes es una ciudad pequeña que parece grande, me dijo.

El taxi es barato, la gente gana muy poco y las cosas son muy caras. ¿Y cómo le hacen para sobrevivir?, le pregunté.

Pues la gente trabaja mucho. Uno se la pasa bien, añadió; es un lugar tranquilo, pero cada vez hay más carterista y tumbador. Así que yo le aconsejo que se ande con cuidado. El chofer de aquel taxi era de Monterrey.

Nos identificamos como norteños, hablando lo que entendimos como un lenguaje directo y quizá, por eso, bruto. No hablamos de futbol, amigos, porque eso nos hubiera separado un poco.

Nos despedimos con el gusto de aquella buena charla en su empresa móvil.No deberíamos perder de vista que, aunque se promulguen reformas y se decreten altas en los precios a nivel nacional (¿adónde iremos a parar?, ¡nos dan por todos lados!), seguimos a merced de los caciques locales, y es a ellos a quienes debemos confrontar también.

El asunto es claro. Vivimos en un país donde el plan es privilegiar a unos pocos, cada uno en su latifundio.

Mantienen la economía deprimida, ganan en dólares, viven del trabajo de la gente como tú y como yo, y no van a ver nunca por tu bienestar. Esa es tu batalla. Y yo diría, lucha realmente por tu vida; no la vendas.



Twitter@fernofabio


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