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Martes , 20.11.2018 / 18:03 Hoy

30-30

Sonata para una amiga

Fernando Fabio Sánchez

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Melby Ruíz Mejía esperó un trasplante de hígado por más de una década. Al principio, cuando la necesidad por este órgano empezó a existir dentro de ella, fueron pocos los signos perceptibles. Lo eran para mí, un amigo que se había ido a vivir a los Estados Unidos. Melby y yo nos habíamos conocido en la carrera universitaria y con el paso del tiempo nos volvimos a veren el aeropuerto de Torreón, pues ella trabajaba para una de las aerolíneas. Intercambiamos nuestras direcciones electrónicas y empezamos a tener correspondencia virtual. Nunca me contó directamente sobre su padecimiento ni yo tampoco le pregunté. No obstante, había indicios de que algo en la vida no andaba en estado óptimo.

Cuando llegó facebook, Melby empezó a publicar una especie de diario de cada uno de sus procedimientos clínicos. Fue así como conocí el estado de salud de mi amiga. Aunque en su muro, Melby no sólo hablaba de su vida como paciente, sino que también publicaba un saludo matutino al que muchos de sus amigos más cercanos respondían con un comentario y otros —más tímidos— le dábamos un like. Este proceso se repitió por años. Estoy seguro que todos los que participamos de aquelencuentroritual cada mañana recibíamos más de lo que dábamos.

Existen personas que iluminan el camino de otras. Les llaman artistas, sabios o almas viejas. Nos alumbran por lo que dicen o por la manera en que han decidido vivir su vida. Melby fue una de esas personas. Su presencia era tan constante y fuerte que algunos de nosotros llegamos a creer que iba a estar allí para siempre. No creo que haya sido yo el único que sintió extravío este 30 de junio por la noche, cuando Melby murió luego de haber recibido su trasplante, hace más de medio año. En ese momento nos dimos cuenta que la habíamos tenido sólo por un tiempo y que necesitaríamos muchos, muchos días para entender lo súbito de su partida.

Al pensar en Melby siento que fue una persona que tocó las cuerdas de varias dimensiones de la realidad. Estaba allí en la cotidianidad virtual del internet y por eso cohabitaba nuestro entorno personal a lo largo del día; fue un paciente de nuestro sistema de salud público, y nunca enunció una queja; se entregó con alegría a losconvivios con amigos y familia; se preocupó a cada momento por su hija, a quien amó más que a nadie en el mundo. Su vidame impulsa a preguntarme, ¿qué es en sí lo que hace a una persona? ¿Dónde radica su presencia? ¿Podemos indicar con el dedo y decir, allí estáella y allá no? Son preguntas del misterio, un misterio que personas como Melby Ruiz Mejía nos hacen sentir como un sueño que nunca podremos corresponder con justicia, sólo agradecer.

Twitter@fernofabio

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