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Viernes , 14.12.2018 / 02:56 Hoy

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Lolita: el deseo más allá de los límites III

Fernando Fabio Sánchez

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Al leer Lolita de Vladimir Nabokov es imposible no reflexionar sobre eso que llamamos personalidad. En el diccionario de la Real Academia leemos que personalidad es “la diferencia individual que constituye a cada persona y la distingue de otra”. 

 
El pensamiento posmoderno nos lleva a la idea de que el “yo” es una ilusión, pues las características que nos definen no son propias; es decir, no son exclusivas de un sujeto, sino que son compartidas con el resto del reino animal. Mas bien, es la agrupación de estas cualidades, su intensidad y su relación con otras lo que nos hace tener una apariencia.

 
Es como si cada uno de nosotros fuera en realidad una proyección en cuyo fondo está el movimiento constante. 

 
Freud, entre otros, nos dice que la formación de la personalidad es un proceso que va desenvolviéndose a lo largo del tiempo. Pero aquí yo debería tener cuidado con el uso del verbo “desenvolver”, ya que los seres humanos no somos al nacer una esencia original que va revelándose con el trascurso de los años. 

Nos vamos formando al vuelo, y todo lo que nos pasa modifica nuestra endeble materialidad psíquica. 


Somos más susceptibles al pronóstico del tiempo de lo que pensamos. 

 
Pero también podríamos decir que tenemos un espíritu, una figura geométrica que siempre vuelve a dibujarse, un camino que siempre nos devuelve al mismo punto, una canción que regresa a nuestra mente y que tarareamos sin pensar. ¿Es eso lo que somos nosotros? ¿Es esa locomoción voluntaria, o es un mero reflejo? ¿A qué edad podríamos juzgar que este mecanismo es operativamente funcional? 

¿A los 18, a los 21, a los 30? ¿A los 12 años? Pero esta voz, espíritu o personalidad, ¿es confiable en todo momento? 

¿Nos engaña como el narrador de una novela? 


Humbert Humbert, como ya mencioné en la primera entrega, está escindido. En su mente coexisten dos edades. 

Es el chico adolescente y es el hombre adulto. El mérito de Nabokov es abordar un tema central para occidente y derribar otra vez el mito de que la mente nos dice la verdad a cada instante. En nuestra novela que es la historia que nos contamos y que con la cual construimos la realidad, ¿perseguimos la precisión y la verdad? ¿O somos como Humbert Humbert que modifica la realidad a su deseo? Nosotros también podríamos ser un extraño.



Twitter@fernofabio

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