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Jueves , 18.10.2018 / 09:35 Hoy

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La realidad es lo que importa

Fernando Fabio Sánchez

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Vivimos siempre dentro del lenguaje y de la cultura. Esta última se reproduce a sí misma, se enhebra, se bifurca, se espejea, se reinventa, se olvida y se vuelve a recordar. Los medios de comunicación masiva y el surgimiento de un mercado en que la cultura tiene que renovarse para ser consumida como un producto acelera este proceso.

Los dispositivos tecnológicos que nos brindan acceso a productos culturales (música, películas, videos, videojuegos y más) han cambiado nuestra forma de experimentar el “mundo real”. Podemos, desde nuestro sillón casero, vivir la realidad sin tocarla, y creer que esa interacción equivale a trabajar o luchar. La creación de realidades virtuales nos ha alejado todavía más de la experiencia de los objetos y de los hechos concretos. Vivimos allí, metidos en el mundo de los sueños, como en una torre donde lo demás es sólo una sospecha.

El filme de Steven Spielberg Ready Player One (2018) nos presenta un mundo donde las personas han desdeñado la opción de vivir una realidad justa a cambio de experimentar jornadas dentro de un mundo virtual unificado que, a la vez, comprende todos los mundos imaginados en los estratos de la cultura (popular principalmente), incluyendo películas y videojuegos, y hasta escenas filmadas de la realidad. Dentro de este ambiente virtual, cada uno de los jugadores puede presentarse con la apariencia física que desee y avocarse al descubrimiento de los mundos de ese universo o crear los propios.

Las personas ganan, más que nada, borrar su realidad material: ignorar que viven realmente en un ghetto.

Muchos artefactos de la cultura popular contienen dentro de sí un espíritu utópico; es decir, fueron creados en contraposición al poder y con el deseo de restablecer ideales de justicia. El sistema de consumo fagocita estas obras y las convierte en formas de dominación.

Ready Player One recupera este espíritu revolucionario y se presenta, quizá paradójicamente, como un rebelde ante ese sistema de experiencias imaginarias inacabables.

Nos recuerda que “la realidad es real” y que ésta es la importante.

Yo creo lo mismo. Así que apague sus conexiones con el mundo que sólo existe en el éter. Lo que resta es “la realidad” que deberíamos vivir. Por cierto, el filme es muy recomendable.


Twitter@fernofabio

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