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Viernes , 21.09.2018 / 14:55 Hoy

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Ese asunto llamado dinero

Fernando Fabio Sánchez

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Una pregunta muy frecuente que salta en las conversaciones y en los momentos de soledad y —quizá de frustración— es, ¿funciona el sistema? Me refiero al modo de organización económica, el vulgarmente llamado capitalismo global, nuestro mejor amigo, nuestro mejor enemigo.

Recuperando una metáfora de El Mago de Oz, nos ha sucedido lo contrario al hombre de hojalata que buscaba un corazón. En nuestro mundo hemos renunciado al corazón y nos hemos descubierto en un cuerpo de metal.

Todo lo podemos comprar con dinero, y si lo tenemos la experiencia puede ser amable y si no, es mejor que nos preparemos a vagar por el camino amarillo hacia la nada. Con esto podría afirmar que el sistema no funciona porque no puede llevar a cada uno de nosotros a una vida con números negros.

Aunque algunos sí lo logran. Se han ganado la lotería.Pero hay trampas. En el filme Money Monster (2016), dirigido por Jodie Foster y protagonizado por Julia Roberts y George Clooney, Kyle Budwell ha invertido 60 mil dólares en una financiera que promete altos rendimientos.

Parece que va a ganar un buen porcentaje del dinero que heredó tras la muerte de su madre, pero la financiera colapsa y los inversionistas pierden sus fondos.

Desesperado, con una novia embarazada y un trabajo que no le alcanza más que para lo mínimo, secuestra en vivo al conductor de un programa de TV, el mismo que había recomendado ante millones de espectadores que invirtieran su dinero en la novedosa financiera, ya que era más seguro hacerlo que mantener su dinero en una cuenta de ahorros.El reclamo de Kyle es lo más relevante del filme.

La dirección y el reparto son respetables, mas la primera no llega a crear una tensión realista. Y bueno, no es de extrañarse; se trata de un filme hollywoodense. La realidad es aterradora, mas no tanto para llegar a serlo.

Pero el relato de Kyle permanece, su naufragio en el mundo y su darse cuenta de que el sistema es un chasco que beneficia siempre a los mismos —oh, bendito capitalismo—.

Al final sabemos que lo único que le podría dar valor a su vida era la verdad. Y fue a conseguirla. El filme habla también, aunque de forma sesgada, de esa situación que parece ser exclusiva de los Estados Unidos, los tiroteos.

En la cinta la violencia expone el engaño del sistema financiero como los tiroteos manifiestan, de forma errada, justificada o absurda, la existencia de sufrientes células en el país vecino. Pese a su timidez, el filme vale la pena.

Y no puedo evitar escribir una pregunta para la función, pregunta que, no obstante su tenebrosidad, necesitaríamos contemplar: ¿qué tiene que ocurrir para que vayamos nosotros —como Kyle— tras la búsqueda de la verdad?



Twitter@fernofabio


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