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Viernes , 21.09.2018 / 21:17 Hoy

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En San Miguel de Allende, Guanajuato (3)

Fernando Fabio Sánchez

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Nos hallamos en territorio chichimeca, donde las casas están incrustadas en las colinas y los perros, solos o en parejas, andan libres. Muy cerca se encuentra la Cañada de la Virgen o la Casa de los Trece Cielos, un sitio arqueológico otomí, dentro de las propiedades que compró una familia alemana. Cuentan que esa familia llegó de la Argentina y que fabricó armamento para los nazis y que hoy, para enderezar su karma, patrocinan una escuela de chamanes. 

 
Historias similares de propiedad se escuchan en cada esquina de la ciudad y anuncios panorámicos estimulan a nuevos compradores a tener un espacio de tierra para sí. Me han dicho que hubo una derrama económica de misteriosos orígenes y que el turismo nacional empezó a llegar desde hace un par de veranos. Y se nota, porque las calles rebosan de visitantes que se toman selfies, compran diademas floridas y se refrescan con una nieve de garrafa en la plaza, frente a la parroquia de San Miguel Arcángel. 

 
A cada taxista le pregunté qué pensaba sobre la invasión de su pueblo-ciudad. Me dijeron que ya se acostumbraron, que está bien. 


Cambian los amortiguadores del coche cada 4 o 5 meses a causa de los caminos empedrados, y en más de una ocasión me bajé antes de mi destino porque el tráfico era imposible. Al avanzar a pie, las plantas sienten lo irregular del camino y es posible ver las mercerías, las papelerías, las ferreterías: los antiguos grandes almacenes. 


De pronto, me descubro en la muchedumbre de un funeral que avanza por la calle. Parece que está todo el pueblo o toda la ciudad (la han recobrado). La música de banda también avanza al más alto volumen, tanto físico como espiritual: “tú, me has mirado a los ojos. Sonriendo, has dicho mi nombre...”. 

Cada paso que doy parece que me adentro en uno de los 13 cielos. 


Es aquí donde se gestaron los deseos de Independencia. Allende, de piernas fuertes y de espada presta, aún se levanta en su caballo rampante en más de una plaza. 

Aquí uno puede encontrar grandes sueños; soñar en quedarse para siempre y, luego de los años bien vividos, irse al más allá en una procesión de música triste y alegre. 

 
Aquí vine a trabajar con un grupo de 19 estudiantes estadounidenses, y los 20 perdimos el corazón y nos prometimos volver. Este es San Miguel de Allende. 




Twitter@fernofabio

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