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Domingo , 09.12.2018 / 14:18 Hoy

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En San Miguel de Allende, Guanajuato (1)

Fernando Fabio Sánchez

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Buscaba estacionamiento la mañana del lunes pasado. A la vuelta de una calle menos transitada descubrí un parquecito, enfrente una iglesia y a un lado una escuela primaria. 


Al estacionarme en un espacio desocupado y, luego, al abrir la puerta, descubrí que el nuevo día era fresco. El cielo estaba nublado y el verde del pasto y del follaje, el marrón de los troncos y de la tierra mojada, el rojizo de las cúpulas del templo y de los techos de las casas alrededor y el amarillo mostaza de los muros, vibraban. 


Escuché el sonido de los niños en la escuela, múltiples y vibrantes también, y en el fondo, pero enmarcando la escena, la melodía “Morir soñando” de Pedro Infante. 


Surgía de los altavoces de la escuela, como si alguien hubiera puesto el disco del sinaloense y se hubiera puesto, tranquilo, a soñar con el pasado. Era el mismo sueño que yo tenía en aquel punto de la ciudad. La voz amable, aterciopelada, de Pedro Infante me trajo a la memoria mis estancias en el pueblo materno durante la infancia y el sentir de las películas campiranas de las décadas de 1940 y 1950. 


Me quedé allí algunos minutos, atrapado en aquella atmósfera, mientras continuaba aquella serie de canciones de Pedro Infante. Lo recordé con chaqueta, pañuelo anudado y sobrero ranchero. Las canciones hablaban de amor, nostalgia, apego a la tierra y dolor. 


Me dije, estos niños aprenden, por medio de las letras de cada melodía, a darle sentido a su mundo emocional y natural. Estoy realmente en un pueblo, me dije, que para muchos, en el resto de México, es el pasado.


Más tarde, en la Academia Hispano Americana Aha! Spanish, donde me encuentro trabajando en un programa de mi universidad, le narré la escena a Paulina Hawkins, la directora. Me dijo, claro que sí. Esa es la esencia y la magia de San Miguel.


También me dijo que su abuelo había sido Paulino Masip, un exiliado español, miembro de la Generación del 27, que se había venido a vivir a San Miguel de Allende en los 40 y quien había escrito cerca de 50 guiones cinematográficos, muchos de ellos de ambiente ranchero. Entre éstas se encuentran El enamorado (1952), Los hijos de María Morales (1952) y Hasta que perdió Jalisco (1945). 


Masip asimismo escribió el éxito de mi corazón, Escuela de vagabundos (1955). CONTINUARÁ



Twitter@fernofabio

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