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Viernes , 19.10.2018 / 03:04 Hoy

En la hora más oscura

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The Darkest Hour (2017), dirigida por Joe Wright y protagonizada por Gary Oldman, narra la manera en que Winston Churchill ganó el consenso para pelear contra los Nazis durante la Segunda Guerra Mundial. El filme inicia en la intimidad familiar del que va a ser nombrado primer ministro de la Gran Bretaña por el rey Jorge VI en mayo de 1940. Con detalle, los días de ese mes van avanzando y la realidad indica que los Nazis invadirán la isla inglesa.

Los contrincantes de Churchill en el parlamento quieren pactar y rendirse, pero la mayoría quiere defenderse. Sin embargo, los británicos parecen no tener la fuerza necesaria para detener a los alemanes, y los Estados Unidos han decidido no intervenir. Churchill parece colapsar. Está sumido en su más sombrío instante.

Pero, según el filme, no sólo es la hora más oscura para Churchill, sino para el pueblo inglés, el reino británico, Europa y el mundo entero. Si Alemania conquista la isla, el bien dejará de existir y el mal imperará. Como dice uno de los discursos de Churchill, de no lograrse la victoria, no habrá supervivencia. El Churchill histórico hablaba de salvar a Inglaterra; la cinta habla del género humano.

George Orwell se opuso a la participación de la Gran Bretaña en la guerra. Sabía que, si no ganaba uno, ganaba otro, y cualquiera de los dos iba a convertirse en un tirano en las postrimerías. Es la idea central de su novela 1984 (como ya lo he comentado antes en esta columna).

Mas, también me pregunto, ¿qué hacer cuando no es una alternativa vivir en el mundo de la imaginación y es una necesidad del presente tomar decisiones que cambiarán el curso de la historia? Podríamos decir, entonces, que no envidiamos a Churchill en su destino como primer ministro, y casi al mismo tiempo tendríamos que aceptar que sólo él pudo llevarlo a cabo.

Esa sería también una realidad para nosotros en nuestra llamada hora más oscura; en ese momento cuando debemos tomar decisiones obligados por la necesidad y adentrarnos en el desenlace obligatorio del mundo material. En esa circunstancia, nos convendría asumir la misma actitud de Churchill y decir figurativamente: debemos pelear en las playas, en la tierra y en las calles; debemos pelear en las colinas: nunca debemos vencernos. El filme es muy recomendable. Véalo si necesita inspiración.


Twitter@fernofabio

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