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Martes , 23.10.2018 / 04:54 Hoy

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Crimen y castigo (4)

Fernando Fabio Sánchez

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La novela Crimen y castigo de Fiódor Dostoievski camina hacia un punto sorprendente, un instante final de revelación que no entenderíamos, querido lector, sin haber experimentado la equivocación, la agonía y, sobre todo, la responsabilidad de los actos (tanto a nivel de la ficción como en el personal). Esta posibilidad inicia con la presencia de Sonia.


El atormentado Raskólnikov conoce a esta mujer de 18 años, hija de Marméladov, enferma y dedicada a la prostitución, y, al saber de sus sufrimientos, cae de rodillas y le dice que la admira por su entereza y su buen corazón. Sólo ella puede entender el peso de su sufrimiento y le confiesa su crimen. Sonia le dice que, desde ese momento, serán inseparables, que se entregue y que ella lo seguirá hasta Siberia.


El homicida tarda en entender la naturaleza de ese pacto, pero se entrega y lo envían al presidio remoto. Sonia se va con él y se vuelve una persona admirada por los reclusos, por casi todos, pero no por Raskólnikov, quien sigue sin entender la fuerza que mueve a Sónechka, y ¿qué es lo que la mueve?


El juez Petróvich acusa al asesino de haber cometido un crimen basado en una teoría de superioridad humana, una teoría atroz que es signo de aquel tiempo en el que se empezaba a construir el fundamento de los holocaustos que ocurrirían en el siglo XX. Raskólnikov, así, tiene que entender el absurdo de sus ideas, la manera en que se relacionaba con los otros y, más que nada, consigo mismo. Sólo así puede sentir el amor por Sonia y aceptar lo que ella le ofrece. 


Raskólnikov resucita como Lázaro en los evangelios.


El narrador nos dice que el corazón de cada uno se volvió un manantial de vida inagotable para el otro, y que Raskólnikov empezó un proceso de regeneración gradual, marcado por esfuerzos, y por medio del cual pasaría de un mundo conocido a un mundo totalmente ignorado.


A más de 150 años, esta novela nos sigue enseñando una lección moral y espiritual que es necesario atender. ¿Qué ideas impulsan nuestro concepto del mundo? ¿Qué mundo desconocemos? ¿Dónde está nuestro manantial? ¿De quién lo somos?  


Las respuestas son material para una nueva novela que debemos vivir y escribir, liberados ya, renacidos, del crimen y el castigo.



@fernofabio

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