• Regístrate
Estás leyendo: Crimen y castigo (3)
Comparte esta noticia
Lunes , 24.09.2018 / 13:13 Hoy

30-30

Crimen y castigo (3)

Fernando Fabio Sánchez

Publicidad
Publicidad

Es quizá Woody Allen quien más nos ha acercado al dilema de Dostoievski en Crimen y castigo. En las películas Crime and Misdemeanors (1989), Match Point (2005) y The Irrational Man (2015), el director de cine realiza variaciones sobre lo que significa cometer un asesinato y la manera en que esto afecta interiormente a un ser humano.


¿Quién es el encargado de castigar? ¿Dios? ¿Uno mismo? ¿Qué pasa si no hay castigo y nosotros mismos lo olvidamos? ¿En qué nos convertimos cuando decidimos realizar un crimen?


Woody Allen en este sentido se separa de la tradición literaria estadounidense e inglesa que aborda el castigo del crimen. Gerardo García Muñoz, quien es un especialista en el tema, nos puede decir que el relato detectivesco se centra en la astucia del detective. 


Éste analiza la escena criminal y va encontrando pistas hasta que llega a descubrir la identidad del culpable. El énfasis, como lo podemos ver, no está en la racionalización del crimen por parte del criminal, sino en la restitución del orden alterado en un mundo capitalista.


El camino de Rodión Raskólnikov es diferente, es interior, es largo, es tan largo como la novela: seis partes y un epílogo. Su camino está lleno de culpa, ansiedad y casi locura. Aquellos que lo rodean sospechan de él, y más de una vez se siente incriminado. Entramos en la conciencia de un ser humano que estuvo convencido de que cumplía un destino, pero ahora sabe que la vida ha cambiado y que nunca podrá volver a su estado anterior.


¿Qué mecanismos operan en muestra mente y que nos hacen entender las consecuencias del crimen? ¿Está en nuestros genes? 


¿En la cultura? Me atrevo a decir que la palabra clave es “empatía”, porque Raskólnikov la siente y por eso sabemos que puede modificar su conducta. La empatía sería un sinónimo de “alma”.


Woody Allen nos dice que algunos no la tienen, y son ellos quienes, luego de cometer actos atroces, se quedan tranquilos porque no los castigará ni Dios ni el mundo ni su conciencia. En el mundo de la política mexicana, estadounidense y en general (y en círculos personales también), tenemos contacto con gente que no siente remordimiento. Son gente sin alma, están vacíos y no habrá para ellos, pese a sus engaños, redención. CONTINUARÁ. 


Twitter@fernofabio

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.