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Lunes , 18.06.2018 / 19:05 Hoy

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Ciencia y surrealismo: el alma dual de Ernesto Sábato

Fernando Fabio Sánchez

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Nos encontramos en 1938. Ernesto Sábato, doctor en física y quien iba a escribir las novelas El túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961) y Abaddón el exterminador (1974), recibe una beca para estudiar en el laboratorio Curie de París. Ha intervenido para la emisión de tal beca el profesor Bernardo Houssay, premio Nobel de medicina en 1947.

Sábato tenía veintisiete años. Cuenta el escritor en una entrevista de 1977 que, para 1938, venía ya de regreso de muchas cosas.

Ya había tenido una experiencia revolucionaria con el anarquismo y, luego en la universidad, un acercamiento a la ciencia. Tanto la revolución y la ciencia, las experiencias más importantes del siglo XX según Sábato, las había conocido a fondo y con mucho dolor.

El hecho es que, casi al borde de la Segunda Guerra Mundial en Francia, Sábato empezó a tener una vida doble. Dice que, como en la novela de Stevenson, de día era un buen médico y de noche era una especie de criminal. ¿Por qué? Conoció a André Breton y otros surrealistas.

Así, Sábato tomó la decisión radical, “guiado por una intuición obscura pero persistente”, de abandonar la ciencia. Esta decisión fue interpretada por Houssay como una traición. Sábato sabía que dedicarse al arte iba a ser una catástrofe para sus amigos, para sí mismo, para sus demás profesores, pero al final lo hizo.

El doctor en física se entregó a ese polo opuesto de la ciencia, el mundo de la noche, el mundo de la inconciencia, el mundo fuera de las ciencias de la razón pura. Y empezó a escribir una novela cuyo título era “La fuente muda”, que finalmente no se imprimió “porque era una novela infinitamente más imperfecta que” las que llegó a publicar.

El autor describe sus conclusiones del momento: “Del mundo diurno de los conceptos puros, pasé al mundo nocturno de los mitos y de los símbolos.

Posteriormente creo haber cerrado el ciclo y comprendido al alma humana en su totalidad. El hombre no es razón pura como lo dice el pensamiento ilustrado y como cree la ciencia. Es razón pura pero, además, es sinrazón como lo hubiera dicho Cervantes.

Es mito, es símbolo, es sueño, es pasiones y sentimientos.” Esa decisión y la novela que no llegó a publicar lo pusieron en un trayecto glorioso para sí. Como muchos otros, predijo nuestro tiempo dominado por la tecnología y la razón de la funcionalidad.

Y nos dejó una obra no sólo novelística sino también ensayística; la obra de un alma dual que como los personajes de ficción, y tal como lo dijo en su discurso al recibir el Premio Cervantes en 1984, cambian “sus atributos según se desarrollan, atributos que van descubriéndose por los actos que ejecutan” y “toman por caminos que el creador no había previsto”.


Twitter@fernofabio

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