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Lunes , 22.10.2018 / 12:09 Hoy

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1984-2016 y la necesidad de una utopía

Fernando Fabio Sánchez

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1984 de George Orwell, novela que en 1949 imagina un terrible orden político futuro, es pieza clave para entender el siglo XX de la posguerra pero, más que nada, los años que nos han tocado vivir en este siglo y, en especial, en el México de esta década.

Quienes tuvimos conciencia en el siglo pasado, nos hemos dado cuenta que aquellos logros culturales y civiles, que a su vez empujaron las revoluciones armadas y sociales a lo largo del siglo, se han venido deteriorando hasta casi morir.

Los de la generación anterior llegaron antes a la jubilación y es posible que pudieron hacerse de una casa y, de alguna manera, tienen una ventaja sobre la generación que ha vivido a caballo entre una centuria y la otra.

Sólo que quizá su terror es más grande, pues ven a sus hijos batallar y se irán de la vida con la certeza de que este mundo no se compone. Ellos vieron la utopía renacer, pero también agonizar.

Los que nacieron ya en esta sociedad global, y no se acostumbraron al uso exhaustivo e inmediato de los medios de comunicación, sino que nacieron ya en él, no han experimentado la transición, pero les ha tocado un orbe con mucho menos opciones de desarrollo, un planeta contaminado, sumido en cambio climático, armado hasta los dientes y proclive a dictaduras criminales y corporativas.

No obstante, asimismo les ha tocado la opción de vivir una vida cómodamente virtual, con la posibilidad de fama en las redes sociales, películas directamente a la computadora (aunque algunos de la generación anterior también aprovechan) y cero utopías históricas más que aquellas que se encuentran en el consumo, los comics, los video juegos, las series de televisión y el manga.

Winston, el protagonista de 1984, despierta de una especie de letargo y poco a poco nos va compartiendo sus ideas sobre la sociedad que habita, y que escribe en un cuaderno para la posteridad.

Su visión es muy crítica, tanto que llega a convertirse en un crimen del pensamiento. En la novela lo denominan “crimental”, y no es más que tomar conciencia del dominio del estado sobre la población y de la existencia de un mundo de leyes que sostienen el poder de la dictadura, etc. Es ya muy conocido que, en la novela, el estado llevaba a cabo el control por medio de la tecnología.

El ojo de El gran hermano llegaba hasta la esfera privada, y el partido en el poder controlaba la realidad, su representación y la interacción humana a través de los cuatro ministerios, el del Amor, la Paz, la Abundancia y la Verdad.

Así como Winston en la novela de Orwell, escribo estas líneas sobre el pasado y el presente, como un ejercicio para los que todavía creen y comparten la necesidad de una utopía.


Twitter@fernofabio/ columna30-30.blogspot.mx

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