• Regístrate
Estás leyendo: Sobre el sectarismo
Comparte esta noticia
Miércoles , 12.12.2018 / 07:13 Hoy

Entre paréntesis

Sobre el sectarismo

Fernando Escalante Gonzalbo

Publicidad
Publicidad

Hablemos de otra cosa, que al final es la misma cosa. La semana pasada publicó Calderón en Reforma un cartón muy didáctico, para explicarnos con ejemplos históricos los riesgos de lo que viene. Se titulaba “Tres giros a la izquierda”.

En primer lugar aparecía Getulio Vargas. Al lado de su imagen, cuatro frases: “Populista, proteccionista y estatista / Presidente cuatro veces, dos de ellas por vía democrática / Autoritario, ignoró leyes, sometió instituciones / Cuando la crisis económica se volvió política, le pidieron la renuncia y se pegó un balazo”. Desde luego, se entiende que el populismo provocó “la crisis económica” –y ya uno saca la moraleja. Yo sé que los matices no van bien con la caricatura, pero el retrato es un poco abusivo: Vargas gobernó casi veinte años, algunos buenos y otros malos; pero además en ese tiempo todos los gobiernos del mundo eran proteccionistas y estatistas; y es verdad que el Estado Novo surgió de un golpe de Estado, también que Vargas creó instituciones que todavía persisten.

A continuación estaba Manuel Azaña: “Soberbio y sectario / Vio la república como ‘empresa de demolición’ / La polarización devino en discordia, caos, golpe de Estado, guerra civil y dictadura / Renunció, huyó y murió en el exilio”. Eso ya no es caricatura, sino otra cosa. Para empezar, sectarismo había en abundancia: Largo Caballero, Pasionaria, Durruti, Calvo Sotelo, Primo de Rivera, pero Azaña fue precisamente uno de los políticos menos sectarios de su tiempo. Lo de su idea de la república es una tergiversación deliberada, de mala fe. En su discurso en el Ateneo el 20 de noviembre de 1930, un año antes de que se proclamase la república, Azaña dijo que concebía “la función de la inteligencia... como empresa demoledora” de los prejuicios, del nacionalismo tramposo y retórico que dominaba en España –que es algo muy distinto de lo que le hace decir Calderón.

Pero además Azaña fue jefe de gobierno apenas algo más de un año, mientras era presidente Alcalá Zamora, en el inicio de la república, y llegó a la presidencia apenas unos meses antes de la rebelión del ejército: hacerlo responsable de la polarización, el caos, la guerra civil y la dictadura no es ignorancia, sino puro cinismo. Por otra parte, Calderón sabe que Azaña se quedó en España, y sólo entregó la presidencia a Juan Negrín semanas antes del fin de la guerra, cuando no podía en conciencia seguir ejerciendo como jefe de Estado –porque él era partidario de negociar la rendición.

Finalmente el ejemplo bueno, un Felipe González que “cuadruplicó el ingreso e insertó a España en Europa” y llevó al país a la prosperidad. Y bien: se puede decir que Felipe González hizo eso, siempre que descontemos los fondos de cohesión de la Unión Europea, y que incluyamos en la prosperidad un 20 por ciento de desempleo.

No es extraño que los cartones de Calderón sean sectarios. Es desagradable que sean tramposos. Pero sobre todo llama la atención la idea que tiene de la política, donde todo, bueno y malo, es obra de algún gran hombre. El entusiasmo y el miedo de estos días, igualmente desmesurados, son en buena medida producto de esa fantasía. Acaso es hora de deshacernos de ella.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.