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Domingo , 24.06.2018 / 11:38 Hoy

Entre paréntesis

Protocolo

Fernando Escalante Gonzalbo

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Va a ser difícil que Estados Unidos se recupere del desprestigio que significa la presidencia de Donald Trump. Porque el problema no es él, sino los millones que votaron por él, y todos los cuadros del partido republicano que no ven inconveniente en secundarlo. La corrupción es escandalosa, como de Trujillo, pero es más escandaloso que no haya mecanismos institucionales para evitar los enjuagues más trapaceros, y que la sociedad estadounidense no haya tenido reflejos morales para reaccionar, y hacerlo imposible.

Las alcaldadas de Trump han hecho que Estados Unidos deje de ser confiable, en todos los terrenos, y eso ha reducido automáticamente su influencia (sin contar con que ha renunciado a estar en buena parte de los foros multilaterales). Eso hace que el orden internacional sea mucho más incierto. Pero además, el estilo de Trump supone un movimiento constante de desinstitucionalización —contra los tratados, los protocolos, las prácticas establecidas.

No son buenas noticias para México. Porque las instituciones son el primer recurso de protección de los países débiles. Eso lo sabíamos en otro tiempo. Por esa razón, la política exterior del siglo pasado, básicamente defensiva, fue sobre todo cuidadosa con las formas, con el protocolo, los procedimientos, los principios. Y es por eso tanto más extraño que el gobierno haya optado por el estilo informal, improvisado, caprichoso e impulsivo del presidente norteamericano.

El episodio más reciente, la semana pasada. Veamos. El presidente tiene todo el derecho de tener una reunión privada con quien le venga en gana, con el señor Jared Kushner, por ejemplo. Y si lleva un mensaje personal de su suegro, con más razón. Pero una reunión oficial de cuatro horas, con dos secretarios de estado, está completamente fuera de lugar. El señor Kushner no es embajador de Estados Unidos, no acudió acompañado de la embajadora, no tiene ninguna representación oficial de su gobierno: es el yerno nomás. No corresponde una recepción así. El gobierno norteamericano puede renunciar al orden institucional, al protocolo, puede rebajarse hasta ser la oficina particular del señor Trump —es asunto suyo. México no puede darse el lujo de admitirlo. El costo es cada vez mayor, y será impagable.

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