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Lunes , 12.11.2018 / 20:00 Hoy

Entre paréntesis

La utilidad de la cultura

Fernando Escalante Gonzalbo

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La semana pasada se publicó una iniciativa para que se entregue a título póstumo el Premio Nobel a Federico García Lorca. La presentó un grupo de notables: Baltasar Garzón, Pablo Iglesias, Javier Bardem, y un surtido etcétera. Es una manera como otra cualquiera de perder el tiempo. Interesante porque es un ejemplo perfecto de la propensión a hacer de La Cultura un baratillo de consignas políticas. Para eso, lo primero es tener una colección de genios indiscutibles, famosos, y representativos como los cartones de la lotería: ¡el poeta comprometido! ¡El cronista popular! ¡La mujer rebelde! Los premios son fundamentales para hacer la colección, sobre todo el Nobel —y por eso hace falta encarecerlo, como si fuese el marbete del genio.

Seamos serios. El Nobel lo deciden 18 intelectuales suecos, que no hablan casi ninguna de las lenguas cuya literatura premian. Y lo deciden un poco al buen tun tún, según sople el viento. A veces toca a un gran escritor, a veces no. Y no tiene mayor importancia. De veras, no es tan definitivo un premio que recibieron José Echegaray, Winston Churchill, Pearl S. Buck o Alice Munro, y que no recibieron Borges, Proust, Joyce, Broch, Ionesco, Valle-Inclán, Céline, Rulfo, Svevo, Musil o Nabokov. No le hace falta para nada a García Lorca. A quienes hace falta, y les resulta útil, es a quienes lo piden —quiero decir, les hace falta pedirlo.

Por supuesto, de la literatura de Lorca no se dice nada, vaguedades como “la calidad de su obra”. Lo que se elogia es “su voz libre de demócrata enamorado de su pueblo”. Con un poco de buena voluntad incluso se entiende la explicación: se pide el premio porque García Lorca es “símbolo inmortal del diálogo entre literatura y sociedad civil”. O no se entiende, da igual. La verdad es que no se trata de la obra de Lorca, sino de su asesinato. El premio, dice la petición, sería “una respuesta al terrible asesinato de un ciudadano…” Muy oportuna. Y quién dice que no.

Discretamente, ofrecen la ocasión para “dignificar” los premios. La Academia tomará nota. Para quienes lo piden, es un modo de acreditar su propia virtud, y capitalizar de nuevo el antifranquismo al amparo de Lorca, que puede representarlo casi todo. Es como mostrar apoyo a los indígenas mexicanos usando una camiseta con un retrato de Frida Kahlo. Lo triste es que funciona.

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