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Martes , 21.08.2018 / 09:53 Hoy

La otra crisis

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Las palabras son muy reveladoras. Unos hablan de desmantelar organizaciones, otros de quienes han caído en las garras del crimen. El recurso de los clichés dice que para ellos es un problema abstracto, es decir, que no tienen un diagnóstico detallado ni una propuesta más allá de la cantinela de los últimos 10 años: policías confiables, profesionales, capacitación, mando único —no sabemos realmente para qué.

Los diagnósticos que circulan en el espacio público se montan a medias con modelos para armar de una fingida ciencia política, a medias con la elaboración literaria de los cárteles: rutas, capos, plazas. Siempre hay una explicación general, siempre tiene como eje la corrupción, siempre se acaba pidiendo más policía —o una mejor policía, o el ejército.

Algo falla en el diagnóstico. Sin duda hay los cárteles, la droga, pero también muchas otras cosas. El término de referencia, desde hace años, es el número de homicidios, el aumento del número de homicidios vinculados al crimen organizado. Los métodos para hacer esa atribución son muy discutibles, rara vez hay algo más que una cartulina junto a los cadáveres, el boletín de la procuraduría. Pero incluso si damos por buena la cuenta de cualquiera de las bases, esa es solo una fracción del total. Y el resto de los homicidios aumenta también.

El cálculo de MILENIO es tan razonable, tan dudoso como otro cualquiera. Según esa cuenta, los homicidios vinculados al crimen organizado entre 2007 y 2017 nunca llegan a ser ni siquiera la mitad de los homicidios del país. Y esa otra mitad también crece, vertiginosamente, en la última década.

Veamos. Aparte de los homicidios vinculados con el crimen organizado, en 2007 hubo otros 6 mil 94 homicidios; en 208 fueron 8 mil 327, es decir, un aumento de casi 40 por ciento; al año siguiente fueron 11 mil 522, de nuevo un 40 por ciento más; en 2010 fueron 13 mil 99, en 2011 llegaron a 14 mil 929, y así. En los años más pacíficos, el número se estabilizó alrededor de los 12 mil , o sea, el doble de lo que era antes de que se iniciase la crisis de seguridad.

En resumen, incluso si restamos el componente del crimen organizado, cambia la tendencia a la baja que se había mantenido por décadas. Falta explicar eso.

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