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Lunes , 20.08.2018 / 02:33 Hoy

Sonido & visión

Superhéroes de banqueta

Fernando Cuevas

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Dado que han saturado las pantallas cinematográficas, los salvadores del mundo o del barrio según su nivel de alcance, empiezan a invadir también lo que antes se conocía como televisión, si bien su presencia ya lleva varias décadas en la estructura de los seriales disponibles en la sala familiar. Pero además de vengadores y justicieros integrados en ligas u organizaciones raras, deambulan por ahí algunos otros un poco más humanos que se debaten entre problemas terrenales, además de cumplir con la misión de salvar el mundo de las ambiciones de gente extraña y usualmente inmadura, con mucha necesidad de reconocimiento.

A través de Netflix y Amazon Prime, plataformas y productoras ya instaladas de lleno en el negocio del espectáculo pero aún con necesidad de poner atención en el mantenimiento de la calidad de sus productos, nos llegan sendas series de superhéroes que quizá no gozan de la parafernalia mediática de sus afamados colegas, pero que andan por ahí en plan mesiánico mientras resuelven sus atribuladas o anodinas vidas, según sea el caso. Ya sea en tono ligeramente más realista o de plano paródico, estos personajes se suman a la inacabable andanada de héroes que tanta falta hacen acá, en el mundo real que sigue su curso fuera de las pantallas o las hojas de papel.

Juego defensivo

Después de cada uno tuviera su serie con distinto nivel de logro -incluso alguno ya tuvo su segunda temporada y se planean otras más para el resto-, se presenta The Defenders (2017), llevados a la pantalla por Douglas Petrie y Marco Ramírez con base en los personajes creados por Marvel que conviven en distintos barrios de Nueva York, sin basarse en algún cómic en particular, sino más bien recuperando a los susodichos y proponiendo una narrativa distinta aunque centrada en las capacidades y personalidades de los superhéroes.

Por ejemplo, en la narrativa comiquera Jessica Jones y Luke Cage están casados y tienen un hijo, mientras que aquí nada más tuvieron un breve romance; claro que hay guiños como cuando a Misty le cortan el brazo para dar pie a que le pongan uno mecánico como su referente comiquero y una escena hace referencia directa a Born Again, incluso trasladando visualmente un recuadro. Y en términos visuales, se distingue de manera muy clara el color que caracteriza a cada uno de los involucrados, para darle cierto énfasis en determinadas secuencias según el protagonismo requerido.

Tras una breve presentación de cada uno según como terminaron en sus respectivas series e integrando a los respectivos secundarios, esta nueva historia coral va construyendo el contexto propicio para que terminen todos juntos ya luchando contra la Mano, una asociación criminal también aparecida anteriormente que busca la vida eterna para dominar el mundo y sus alrededores, empezando por la atribulada Nueva York, en cuyos cimientos se gesta un terremoto de proporciones inimaginables.

El adecuado casting integra a Charlie Cox, quien interpreta con plena convicción al abogado invidente (nótese la paradoja) Matt Murdock, cual Zatoichi urbano mejor conocido como Daredevil con dotes de liderazgo situacional; a Krysten Ritter, acá como una Jessica Jones demasiado sobria y sosa en sus bromas en comparación con sus hábitos cotidianos de mañanero café irlandés;

al tieso Mike Colter, metiéndose en la indestructible piel de Luke Cage, recién salido de prisión, y Finn Jones se encarga de encarnar a un entusiasta Danny Rand, cuyo puño se ha convertido en el luminoso objeto del deseo de propios y extraños.

En tanto, el nivel actoral se eleva con la presencia de Sigourney Weaver, asumiendo el papel de la jefa lidiando con una enfermedad terminal y siempre en contraposición con Scott Glenn como Stick, cual gurú peleonero de gestas ancestrales. Aparecen Elodei Young como una renacida Elektra que no sabe para quien trabaja; Rosario Dawson en plan de ajonjolí de todos los moles comiqueros, junto con Jessica Henwick comprometida con la causa; la venerable Wai Ching Ho como Madame Gao, quizá el mejor personaje, en complicidad con Yutaka Takeuchi asumiendo el papel de Murakami, siempre dispuesto a ensuciarse las manos;

Ramón Rodríguez como el insulso Bakuto, criando cuervos para que le saquen los ojos y Babs Olusanmokun, quitándose el sombrero blanco cual obediente candidato de partido mexicano.

Entre conversaciones demasiado acartonadas y salidas simplonas para resolver ciertos conflictos, la serie alcanza a mantenerse en un saludable nivel de entretenimiento, rescatando cierto interés por los personajes secundarios (Foggy, Misty, Karen y Trish) y por los destinos afectivos de los protagonistas, involucrados en pleitos un cuanto tanto acrobáticos pero a tono con el sentido de la serie. Eso sí, las secuencias de peleas están bien coreografiadas, sin demasiado realismo como cabría esperar, y los sentimientos que se van generando entres lo héroes, acordando los planes, suenan simpáticos y por momentos refrescantes.

Héroe accidental

Con base en el cómic de finales de los ochenta creado por Ben Edlund, ya llevado a la televisión en dos ocasiones previas, una de ellas animada, llega la primera temporada de The Tick (2017 - ), en la que figuran como directores Wally Pfister y Romeo Tirone, un par de fotógrafos de altos vuelos junto con otros realizadores de experiencia televisiva. Apostando por el tono de comedia desde la cotidianidad de los superhéroes en una sociedad habituada a ellos, seguimos a un tímido joven con pasado traumático (Griffin Newman) que cree que quien mató a su padre, un villano conocido como The Terror (Jackie Earle Harley), fingió su muerte.

Es cuando aparece The Tick (Peter Serafinowicz) un superhéroe de entomológico traje azul y una formalidad irrisoria que está convencido de que junto con el joven, enfundado cual mariposa dubitativa, tienen una misión que cumplir contra algunos villanos caricaturescos, mientras que la hermana intenta disuadirlo (Valorie Curry) y otro personaje ambiguo que platica con su embarcación llamado Overkill (Scott Speiser), se suma a la gesta. Desde los nombres de los personajes hasta las formas de relacionarse, además de la sátira a varios caracteres bien conocidos, la serie conserva un tono de agradecida distensión.

Para el presente artículo conté con el apoyo de Maximilano Cuevas.


cinematices.wordpress.com

Twitter: @cuecaz

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