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Sábado , 22.09.2018 / 12:40 Hoy

Sonido & visión

Rusia 2018, segunda semifinal: la rebelión de los balcanes

Fernando Cuevas

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De entrada y de salida resultó una contienda equilibrada, con un ligero dominio de quien al final logró avanzar, sobre todo en episodios clave del juego. La juventud inglesa, bebiendo muy bien de su mejor traición y apuntando a consolidarse en el futuro inmediato, seguía viva en el Mundial de manera sorpresiva, aprovechando una creciente conjunción y rápida madurez en su juego, aunada a la eliminación de rivales peligrosos en la llave correspondiente. Por su parte, Croacia seguía viviendo apegado al drama a pesar de lucir superior en todos sus partidos. Salían como favoritos por el plantel y lo mostrado a lo largo del certamen, a pesar de lo que aparecía en las apuestas, más orientadas al nombre que a los hombres.

Cargando con el cansancio a cuestas de tener que definir sus anteriores partidos eliminatorios hasta sus últimas instancias, los croatas saltaron al campo con la ventaja de la experiencia pero ante la dificultad de enfrentarse a unos jóvenes leones que parecían haber recuperado el orgullo y el pundonor de quienes los antecedieron muchos años atrás, delineando las básicas y maravillosas reglas de este juego que en su pasión sustenta la sencillez. O al revés. Ante la otra semifinal, ésta parecía el acto preliminar, suponiendo que quien resultara vencedor del Francia vs. Bélgica sería el campeón. Pero como suele suceder, cuando se espera menos de un partido el espectáculo toca la puerta.

Así fue desde el inicio. Tiro libre de impecable ejecución por parte de Trippier y quizá demasiado margen del arquero para que la pelota entrara a puerta. Un gol a los cinco minutos lo cambia todo, para bien y para mal. Extrañamente, se convirtió en un motivo limitante para los ingleses, cediendo la iniciativa y olvidándose de la forma de juego que los había llevado hasta aquí: no se sentían superiores, sino agradecidos con el resultado. El golpazo afectó a Croacia, por supuesto, que tardó en recuperarse, probablemente el resto de la primera parte, con Modric más atrás de lo habitual y Rakitic en labores de contención: la juventud, esa palabra, impulsaba al equipo inglés que parecía tener controlado el trámite, sin dejar de amenazar la puerta croata.

Pero al parecer los estandartes ajedrezados, hoy con su playera sobria, estaban velando armas para resistir la segunda parte. Se lanzaron con más confianza al ataque y además de los dos estelares en el medio campo, resurgieron los otros nombres con el ímpetu del entrenador Dalic, mientras que los dirigido por Southgate empezaban a acusar la falta de años: apareció entonces Perišic para meter presión, convertido a la postre en el jugador clave del partido, y el resto de los balcánicos retomando aire para honrar a la generación del 1998 a través de la mejor forma: superar sus logros. Tras un disparo anunciatorio, el jugador del Inter de Milán consiguió el empate con media hora por jugarse, y como para no dejar dudas, dejó una pelota en el poste de manera inmediata.

Ahora eran los ingleses quienes se mostraban rebasados y descontrolados, como sucediera tras el empate que sufrieron ante Colombia. El resto del tiempo transitó entre la tensión de saber que un gol más iba a ser la diferencia y la intención de concretar, sobre todo del lado croata, sabedores que el desgaste físico podría hacer mella en el desempeño, aunque los británicos tampoco estaban indemnes. El final de la segunda parte anunció los inevitables tiempos complementarios, con cambios estratégicos desde las bancas y el nervio a tope: empezaron mejor los de la isla, tratando de cooptar al cuadro balcánico, revolviéndose al fondo y manteniendo la mira todavía al frente.

Fue hasta el segundo medio extra cuando se produjo la jugada definitiva a pase del incombustible Perišic, sentenciada por un quebrado pero nunca roto Mandžukic, que de paso consolida su estatus de atacante fundamental para su selección. El resto lo fueron resolviendo tanto los jugadores del cuadro bajo, batiéndose en el fondo con las pocas piernas que les quedaban y el gran corazón que seguía latiendo incansable, como los genios del medio campo, guardando pelotas y tocando en el momento justo. Los ingleses han hecho el gran mundial que, quizá, anteceda la gloria dentro de cuatro años: candidatos, desde ahora, a lograr grandes objetivos.

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witter: @cuecaz

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